Las calles de arena / Paco Roca

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Abro este blog con la reseña de un cómic en traje de sueño. Tal en un verso de Cernuda, un hombre gris avanza por la calle de niebla: justo así comienza esta aventura ilustrada, de colores intensos, como en Hergé, y personajes encerrados en el tiempo y en la iteración, kafkianos (el calderero parece recién salido de una novela suya).

Una calle más y ya estamos atrapados –como el protagonista– en un mundo de arquitectura exuberante, lleno de recodos que parecen esas trampas visuales de Escher donde no se sabe si un hombre sube o baja escaleras, o de gigantescas torres de Babel que emponzoñan los duermevelas.

Pasen y vean maravillas como un anciano (con un curioso parecido a Picasso) que repasa una y otra vez su maletín de escapada para nunca terminar de componerlo –o descomponerlo; o un plano 1:1 del fantástico barrio como aquel del Mapa del Imperio que el Borges más orfebre nos regaló en “Del rigor en la ciencia”, de su Historia universal de la infamia.

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También generosas secuencias de viñetas sin texto como la del señor que se deja morir para después resucitar con una lluvia floral, arrojando a un patio sin fondo el precioso símbolo del infinito tejido con las flores de una antigua corona de muertos.

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En fin, tenemos al amor –o algo parecido– como salvación personal  y al sueño como llave hacia el futuro, pero nadie sospecharía  aquí el compromiso social de Arrugas (o El ángel de la retirada) o  la relativa placidez de historias tan hermosamente contadas como El faro, por hablar de otros hijos del gran Paco.  Aunque cabría preguntarse si no hay mayor compromiso social que el amor, esa es otra.

Anunciamos simplemente un final de verdadera altura, que dejamos al lector que quiera explorar esta joya visual de la literatura de ahora mismo, soñada en bellas e inquietantes viñetas.

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