Mis relatos favoritos

“La verdadera muerte de mamá”, en Los orígenes (Los objetos nos llaman)| Juan José Millás, 2008

graciasmama

Hace unos veinte años:

Tenía una vieja cinta casete (¿de una BSO? No recuerdo). Puse dos trozos de cinta celo en las esquinas, para taponar los enigmáticos y poderosos cuadraditos cuya anulación hace posible el milagro de la voz grabada. Presione las dos teclas, REC, PLAY, conjuntamente. Hablé:

Gracias, Millás, porque con estos cuentos me regalas el mundo, en pedacitos. Yo que lo pensaba disperso, inabarcable… y de repente sé que puede ser silbado, tatuado en un lugar recóndito del antebrazo, masticado como un chicle hasta que su sabor, después de llevarnos desde la ruleta a la montaña rusa, nos salve, acabe pleno en nosotros, como los trozos enmayonesados de ensaladilla rusa de una abuela o una madre.

Más o menos. Hasta hace unos días anduve buscando el registro, para digitalizarlo, en una habitación en la que impusiera el mismo silencio de unos veinte años atrás (¡ah, pero ya no sería el mismo!) y obtuviera un archivo mp3, claro y distinto, para compartirlo con vosotros. Me ha sido imposible.

Hace unos dos días:

Me releí el cuento “La verdadera muerte de mamá”, de Juan José Millás, del libro Los objetos nos llaman (1946-   , ojalá este espacio después del guión medio quede vacío por toneladas de años), para este blog. O mejor: volví a disfrutar de su lectura, con la excusa de este blog. En el cuento, un hijo de hoy siente que su difunta madre no está muerta, porque le queda una reliquia suya, cuyos chips están “aún” activados por la incertidumbre, el recuerdo, y el porcentaje de la batería de un celular que resta por consumirse.

Gracias a Millás, y a este cuentito suyo, podemos meternos a la muerte en el bolsillo. Así son sus breves relatos de Los objetos nos llaman y otros tantos volúmenes como Primavera de luto (1989), Ella imagina (1994) o esa joya de la literatura híbrida que son los Articuentos (2001). Como esas pompas de jabón, más o menos gigantes, que el artista o soñador callejero fabrica para nosotros en las alamedas o las plazas, y donde nuestros rostros, y el rostro inmenso y a veces terrible del mundo, se refleja distorsionándose en colores y formas, hasta –de alguna manera– redimirse.

Seguro que Millás salió de la cueva de Montesinos de El Quijote con la clara intención, pararrealista (Millás no ha de ser persona de “antis-”), de sentar a la mesa de la literatura española a Cortázar, Arreola, Bioy o… la mujer y el hombre que sueñan y callan, agarrados a la manilla del autobús.

Por eso, ahora, hace sólo unos minutos, puedo utilizar la aplicación grabadora de mi celular, en otra habitación que acaso remeda (¡sin conseguirlo!) el silencio del pasado, y volver a decir, con palabras de siempre:

Gracias, Millás, porque con estos cuentos me regalas el mundo, en pedacitos…

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Nota práctica: Este cuento puede aspirarse, rezumarse o, directamente, soñarse en la edición única que conozco de Los objetos nos llaman, publicada por Seix Barral | Biblioteca Breve-Planeta en su benefactora colección booket, con el nº. 2312. Jamás 8,95 € (así figuran en la etiqueta que en su día colocó un empleado de la pequeña librería, y que el tiempo se empeña en no respetar) depararon tanta felicidad a un lector.  Disponible también como libro electrónico, por euro y pico menos.
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