Este blog | Ofelia, Humberto… y yo

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Quizá, admirado lector, como ves estas letras, juntas y libres, mientras suman las formas luminosas del pixel, muy cerquita de ti, imaginas que todas, que todo lo que se alumbra por aquí es obra de un félix molina, motor único, solitario, de este rincón de pretendida oscuridad.

Ahora que vamos despacio, y después de un leve descanso por motivos exclusivamente vitales –que es como debieran ser todos los motivos–, vamos a contar la verdad de que este blog no es de uno;  es de tres. Quien encarnó los textos y aposentó las elucubraciones bien pudo ser ese félix molina, pero, tras la quimera puesta en pie de sus sueños y creaciones, están nada menos que Ofelia, a quien el matrimonio sólo dio para félix la carta de naturaleza que tienen los seres que están unidos desde el principio del Universo. Y un hijo,  Humberto , que es auténtico padre de muchas de las figuraciones que enmarcan a estos párrafos. Una y otro dibujaron para mí la existencia de tal manera que sólo podía expresarse –y con la ayuda de sus respectivas artes: algunos ejemplos los habéis paladeado en muchas de las entradas– mediante estas siglas de blog, que, a partir de ahora, ya deben ser el continente de tres planetas para ti.

A veces el mar se esconde detrás de algún rendido muro, como en la foto que ilumina el principio de esta entrada. Otras veces, las amapolas, tan al alcance de nuestras plantas, como que se nos hacen trascendentes, rozan casi la luz que las baña, como en la otra foto que va a cerrarla. Pero el océano y el rayo –casi hoz, de puro y directo, de luz–, se componen de muchas partículas y eso quería yo con este hojaldre de frases: que tú supieras y conocieras de mis partículas amadas, y de cómo la felicidad siempre, o muy casi siempre, se compone.

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Nota gozosa: De la composición de estas partículas surgirá también, no dentro de mucho, un blog que será la contrapartida diurna de este nocturno rincón –casi su parafraseo más claro. Lo dedicaremos a la reseña y creación literaria y artística para niños y jóvenes, entendiendo –por supuesto– por esta denominación un número de edades casi infinito.
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