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29 de mayo | Alfonsina Storni Martignoni, 1892-1938

 

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Nació con su dolor, o acaso de él mismo, y lo proyectó en centenares, miríadas de versos, símiles de la espuma que, calmosa, se dispersa tras el golpe de la ola. ¿Quién fue Alfonsina Storni? Apenas lo sabemos, aunque se pueda hurgar hasta el infinito la urdimbre de los datos biográficos (nacimiento, enfermedad, mujer, afán, muerte…), porque la malla que nos cifra (a Homero, a ella, a ti) también nos oculta, dejándonos sólo desnudos frente a la nada que ya somos, y que seremos, ampliamente, en el todo -que acá llamamos, tristemente, fin.

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Alfonsina fue apenas una poetisa suicida. No puede serlo, a pesar de la mugre de la desesperación, un ser humano que invoca lo poderoso en Frente al mar:

Oh mar, dame tu cólera tremenda,                                                                             Yo me pasé la vida perdonando…

Lo imposible en Sugestión de un sauce:

Debe existir una ciudad de musgo
cuyo cielo de grises, al tramonto,
cruzan ángeles verdes con las alas
caídas de cristal deshilachado…

Lo inacabable en Lo inacabable:

Vendrá la primavera y habrá flores…
el tronco seco dará nuevas hojas…

Su suicidio parece más bien –y yo qué sé, qué puedo saber…– sucesión de engranajes, mecánica celular que nos trasiega de un espacio a otro, haciendo de nuestro actos, de nuestros gestos, de nuestros versos la miríada estelar que va derramándonos, mera espuma en los otros.

Y sin embargo esa espuma se quiso modelar para Alfonsina en notas de una canción que la vierte una y otra vez al mar, extraño rito que se hunde en los pliegues mortuorios de unas notas, para hundirse y a la vez emerger, lleno de palabras. Y de esperanza…

 

Quizá porque sí, Heráclito, ningún hombre, ni mujer alguna, puede bañarse dos veces en el mismo río. Pero nadie habló del mar, Alfonsina.

Como homenaje doméstico, vengo a colocar aquí un poema que formará parte de un nuevo barco llamado Proesía. La coincidencia con Alfonsina Storni es casi anecdótica, pues se trata aquí de dos personajes, un ciego y joven pescador en busca de una vida mejor y una mujer de la misma edad que decide su suicidio. Ambos son presentados mediante sus coordenadas geoespaciales en las primeras estrofas, y después cada una de ellas, alternativamente, va dando cuenta de sus tramas finales –la última es común a ambos, como su destino y el verso del silencio que los une, en la coordenada donde acaso sus cuerpos se aproximaron.

Arrebatado a la luz…

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