Mis relatos favoritos

 

El guardagujas, Confabulario | Juan José Arreola, 1952

 

guardagujas

Si ahora estáis a punto -por aquello de las fechas y la contingencia del calor en determinados lares- de meteros en un tren, mejor no toméis este de Arreola; o mejor no dudéis en tomarlo si lo que queréis es sumergiros en el mundo kafkiano de las iniciales mayúsculas con puntito (esta T. del cuento que nombra a una ciudad y no es más que el grafo de las señales de tráfico que parece indicar una vía sin salida), paisaje que aquí se dilata hasta los límites borgianos de aquel mapa a escala natural de un imperio que trazó en “Del rigor en la ciencia”.

Kafka nos dio desde su laboratorio en aquella oscura Praga de sus desolaciones el secreto de una pomada que es antídoto de nuestras extrañezas y ahora nos la venimos aplicando en dosis de distinta posología (léase Kôbô Abe, el propio Borges, el mismo Arreola…), cuando queremos explicarnos qué es el mundo, esta transida o amena espera (cada cual que apenque con el adjetivo que más le motive) que nos lleva a algún o ningún lugar.

Lo bueno es que Arreola nos hace aquí también pasajeros de todo un estado de cosas, de una mecánica mundana resultado de las arbitrariedades más delirantes, haciendo del azar una espectacular y caprichosa mariposa. Ergo, Arreola y su mundo es el de Kafka tras una pasadita por lo más lúdico o rematadamente jocoso (quien lea también la “Carta a un zapatero que compuso mal unos zapatos” verá a qué me estoy refiriendo), sin que el cuentista renuncie a la sátira sobre el dirigismo. Es como si K. se hubiera desabotonado el riguroso chaleco con corbata de la oficina de seguros en P. y, de repente, tras aligerar un traguito, siquiera breve, de T. mexicano, el mundo fuera ahora más digerible, más paseable.

Ahora bien, por si acaso, evitad el tren –al menos hasta que a un Kafka coetáneo se le ocurra montarnos en un barco o en un avión de insospechadas singladuras…

Confabulario”-de-Juan-José-ArreolaNota práctica: Lo mejor sería poder encontrarse con la primera edición del Confabulario de Juan José Arreola, de 1952, que lanzó el Fondo de Cultura Económica (o su impresión conmemorativa). Pero, a estas alturas, no vamos a pecar de coleccionistas y podemos conformarnos con la edición de los cuentos completos del autor que publicó Alfaguara, en una colección que es un paraíso más o menos reciente para el género. Por desgracia, este cuentito u otros del autor no los conozco en ediciones más o menos económicas (quiero decir: “exageradamente baratas”, claro). Lo bueno de esta edición completa es que nos permite leernos también el Bestiario, que nos deparará no menos alegrías que el Confabulario. Disfrutad.

 arreolaalfaguara

 

Anuncios