Mis relatos favoritos

 

Máscaras venecianas | Adolfo Bioy Casares, 1984

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Confieso que yo a Bioy Casares (1914 – 1999) lo conocí como lector siendo el antólogo, junto a Borges y Silvina Ocampo, de una recopilación ramificadora (de cada cuento surge otro) de la literatura fantástica, la Antología de la Literatura Fantástica publicada allá por 1940 -hoy aún está catalogada en Edhasa.

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Libresco, como sus compañeros compiladores, y sutilmente orientado hacia la ciencia –frente a la filosofía o sus conjuntos, como la teología, que adoraba Borges– Bioy fue después para mí La invención de Morel, una novelita (o un cuento, por qué no) que también sigue horadando la fantasía científica, poblada además de bellas imágenes vecinas del mejor Arlt –y eso que Bioy es austero, sí, en lo que dice.

Máscaras venecianas es un cuento que es también –como toda narración fantástica que se precie– la ejecución de un ensalmo, de un encantamiento. Primero el lector (que olvida a la perfección el rutinario principio) se ve subyugado por una trama amorosa intrascendente, que progresa cansinamente, entre el rumor ahogado de los canales, el fulgor de las máscaras y el teatro de la ópera. Y después Bioy, que parece precipitar el final, mágico, no hace más que recordarnos que no quisimos leer las primeras líneas…

Como en el cine con el inmenso Alfred Hitchcock, los relatos de Bioy (y alguno de Borges) erigen muchas veces una trama amorosa insustancial para derribarla después con el ariete de la delectación en lo fantástico, en lo inusitado, en un suspense que se resuelve como el prestidigitador hace de su varita un pañuelo blanco.

Mientras nuestros ojos permanecen atados a la bolita que pasa como inadvertidamente por el cuello falso de la botella (en forma de trama sentimental o de beso al borde del precipicio) ya nos olvidamos de la puerta por donde entramos a este castillo de fuegos prodigiosamente artificiales que es la literatura fantástica, y es en ese trasiego donde ya se está promocionando acaso el espejismo del final. Cuando todo esto se adoba con una dicción inmejorable, unos personajes que dilatan sus sombras por encima del aquí y del ahora y el asunto para una reflexión filosófica (o psicológica si queréis, porque el asado que nos sirve aquí Bioy es la identidad), a esto se le llama literatura, fantástica por más señas, y su autor puede ser proclamado como uno de los cuentistas que mejor nos ha sorprendido con acordes científicos, el otro centenario del sueño y la ramificación que este año celebramos.

historiasdesaforadasNota práctica: los cuentos de Bioy, en parte por sus méritos y su originalidad o por su alianza con Borges, han sido publicados en muchas ediciones de bolsillo, entre ellas la de Alianza Editorial, en Historias desaforadas.
En mi búsqueda anterior a esta reseñita, di con una curiosa publicación en el número 41 de septiembre de 1984 de la Revista de la Universidad de México, autorizada por el autor, e ilustrada con inquietantes imágenes venecianas, que la propia Universidad reproduce facsimilarmente en su web. Es anterior a su inclusión en el volumen Historias desaforadas.
http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/vcompleta.php?publicacion=584

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No me resisto a mencionar uno de los análisis detallados del cuento que circulan por la red, costumbre a la que intentaré ser fiel también en estas notas, para que a la lectura y la impresión no le falten nunca otro punto de vista -este es de Daniel Gustavo Teobaldi en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (se recomienda su lectura después siempre del propio cuento, el espóiler también rige aquí):
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/adolfo-bioy-casares-o-las-mascaras-de-la-verdad/html/6245ede1-38ae-4404-a1c0-739815743c9f_3.html  
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