El desván de fm | al

Ni siquiera es una sección, pero surge con la voluntad de recuperar todo cuanto sucedió antes de que este rincón nocturno, pero no alevoso, se precipitase sobre la red. Bajo este titulillo irán apareciendo ensoñaciones y creaciones –propias y ajenas– que no son pescadas en el agua turbulenta de la actualidad, sino en el remanso del recuerdo.

 

“The House” | Sofie Krog Teater, 2012

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El oficio de titiritero –o mejor de marionetista, como en este caso– es artístico y paradójico: se trata de “manejar” a unos muñecos (verdaderas estatuas móviles, en algún caso), sabiendo que unos indefinibles hilos, los del azar o el destino, acabarán por manejarnos a nosotros. Pero en esa distancia del decorado a la vida está el secreto humilde que duerme en cada estancia de esta The House, quizá diseñada para niños (la figurilla del perro es más bien simpática), puede que resuelta para adolescentes, pero siempre mejor disfrutada, si cabe, por mayores.

Resultan más que literarios –además de divertidos– los diálogos y movimientos de algunos personajes (como la pareja Tony y Bruno), de naturaleza tan absurda que uno desearía ver al mismísimo Kafka sonriendo por un rato con sus gracias en alguna butaca, por oscura que fuese, de la sala.

Es una obrita que no desdeña el miedo, a medias entre veras y bromas, rondando con humor negro temas como la muerte o la avaricia, pero entregando siempre la flor tras el grito, como el payaso digno de su nombre –no el intruso, derivado desde cualquier otra ocupación en principio bastante “seria”– que nos aborda en la calle para entregarnos el globo después del susto.

Y emociona el escenario, labrado con manos de artista, con afán de ensoñador arquitecto, que nos hace siempre espías de cada movimiento de la Casa (quien es en realidad el personaje central de la obra), celosos vigilantes de cada habitación, que guarda para nosotros el mero encanto casi  keatsiano  de la poesía de lo que no vemos.

La compañía danesa de Sofie Krog (www.sofiekrog.com), de permanente gira por toda Europa y el mundo, es ya famosa en su pequeña pero hermosa revolución del universo de las marionetas –ahora visita los escenarios y sus pequeñas lunas de mentira (o de gran verdad, quién sabe) con Circus Funestus, otra vuelta de tuerca también barnizada de negro sonreír. Y de paso nos hace pensar que pasar un rato entre títeres (o marionetas) es muchas veces la forma más inteligente de que la vida –realidad o simulacro– transcurra.

 

Como a propósito incluyo aquí un antiguo cuento. En otra época me producía una reacción muy parecida a la obrita, algo de pavor; ahora ya me felicito porque hace un buen tiempo que sí encontré a mi Colombina, bajo el no menos poético nombre de Ofelia, a quien se lo dedico…

 

portadilla.arlequino

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