Antología de la literatura fantástica (Edhasa) y Antología universal del relato fantástico (Atalanta) | VV. AA., 1977 y 2014 (2ª edición)

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Debo –diría Borges– a la conjunción de un blog y un aniversario particular el recuerdo y el conocimiento –si no son lo mismo, diría Borges que diría Platón– de los dos libros cuya miniatura figura más arriba.

El blog es el del amplísimo divulgador Jack Moreno, que me reveló la más joven de las antologías, a buen seguro filiada con la primera; el aniversario me deparó su regalo, que vino de dos de las personas más queridas de mi mundo, también blogueros de fm | al, Ofelia y Humberto. El recuerdo de la antología más antigua –y por ahora más conocida– vino como la consecuencia más inevitable –y quién querría evitarla, después de tantos años de infancia y primera juventud en tan buena compañía de este regalo de mis padres.

Ambos libros antologizan lo mejor del relato fantástico en literaturas especialmente predispuestas para ello. No vamos a pecar de comparatistas rancios, pero las literaturas anglosajonas (incluyo la escrita en lengua alemana o, mejor, directamente a Kafka, que es de por sí una literatura) y las orientales han querido con especial cariño la temática fantástica. Menos enturbiado por transcendencias o causas, su manantial es el de la delectación en lo narrado, haciéndolo creíble en el universo del lector, más allá muchas veces de que sea verosímil o no en cualquier otro universo. Poco importa que tal bestia o cual agujero temporal sea cierto (categoría infame del relato fantástico) si el árbol de su elucubración provoca la sombra placentera de su lectura.

Los antólogos de la primera de las colecciones, los admirados Borges, Bioy y Ocampo –trío que supuso para mi juventud primera más que aquellos otros tres de la copla española o los de cualquier delantera futbolística (con alguna querida excepción)– son también objeto de la decantada lectura del antólogo de la segunda, el elegante editor Jacobo Siruela. Mientras que un hombre –uno con su sillón orejero de lector e inundado por las aguas de su propia ensoñación– inquieta el jaspeado azul y negro de la cubierta del primero de los tomos, el icono más ovalado del nonsense, un grabado del inquietante Odilon Redon que nos recuerda al saltarín Humpty Dumpty , atenazado y con ojos de asombro o de miedo (o ambos), tapiza la también azulada del segundo, cuyas contracubiertas están custodiadas por una siniestra y oscura araña de Odilon.

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No tienen más remedio que coincidir en muchos autores ambos repertorios: el  imaginativo Saki, los atormentados Poe y Kafka, el siempre feliz Cortázar… Se agradece sobremanera que tengamos dos visiones de los antólogos primeros: las suyas propias y la del exquisito Siruela, que amplía los relatos mejores de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. El primero de los índices no frecuenta en cambio la literatura española o la más reciente –lógicamente; o no si prescindimos del tiempo como categoría lineal y realista, claro, y entonces un apéndice curioso intentaría motivar acaso las razones para que Borges a mediados del siglo XX no escogiera un cuento tan memorable como el de Javier Marías, escrito a finales de ese mismo siglo. Queda como siempre –porque la tercera antología es la que elabora, como en otro juego de espejos divergentes, el propio lector – preguntarse por qué genialidades como la ola portátil de Mi vida con la ola de Octavio Paz o algo del mejor Arreola no figuran aquí, pero no es cuestión de ganar ningún urgente campeonato mundial con los seleccionados o agotar las blancas arenas del bellísimo papel biblia de Siruela-Atalanta.

De momento, estas y aquellas páginas me van a brindar un verano fantástico, que intentaré compartir en la sección de fm | al Mis relatos favoritos, con sigilo, amorosamente, tal y como llegaron –leídas con predilección y regaladas por quienes me quieren–, evitando que cualquier estruendo rompa la soñada armonía de sus imaginaciones y el señor del sillón inundado despierte al fin o el huevito imaginario se estrelle definitivamente contra el suelo de las sucias y cercanas realidades.

Nota antológica: Wikipedia nos ofrece un mapa muy útil de la segunda de las antologías, aquí.

 

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