Mis relatos favoritos

“El ventanal abierto”  | Saki, 1911

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Que desde sus inicios cada cuento, como representante de un género de escritura, es una cajita de sorpresas ya lo sabían hasta quienes leyeron en el siglo XIV el apólogo (así se llamaban antes) “Lo que sucedió a un deán de Santiago con don Illán, el mago de Toledo” de El conde Lucanor de Juan Manuel, una curiosa y fantástica narración taumatúrgico-temporal (aunque el mago es Juan Manuel, más bien), con cierto vértigo de la acción narrativa que deslumbró al propio Borges unos siglos después, hasta el punto de adoptarlo como lector y adaptarlo como contador con el nombre de  “El brujo postergado”  e incluirlo en su volumen Historia universal de la infamia.

El mismo Borges, con “La casa de Asterión” , nos regala toda una mitología con la única y genial sorpresa del último renglón de este cuento… que entonces hay que volver a leer desde el principio como en el da capo de la notación musical.

Cortázar también volvió a abrir la caja sorpresiva en “El otro cielo“, donde nos hace trasegar entre París y Buenos Aires, o  el siglo XIX y el XX, haciendo de su estilo un caballo desbocado por la imaginación que nos ubica en el laberinto de galerías de una u otra ciudad o centuria, al albedrío de su prosa.

Saki, el orientalizante y pegadizo pseudónimo de Hector H. Munro, nos depara también un curioso juego ilusionista con El ventanal abierto (o la ventana, según traducciones), un cuento que puede leerse a la manera realista o dejándose llevar, abiertamente, por el tono inquietante de este autor. De alguna manera –no destripo el final, sería imperdonable en este relato– todos quedamos retratados en este retazo de salón de té, impresionados por la imaginación o por la macabra broma. La mecánica del cuento sirve aquí, como en tantos relatos favoritos, de armazón y le presta la belleza de la construcción. El gozne, parece que ya oxidado pero siempre listo para el ensalmo, nos engancha de nuevo dos realidades en un escueto trozo de papel. Un hermoso y contradictorio mundo se hace una y otra vez posible (me gustaría que leyeseis muy en cursiva esto). Y todo a base de palabras.

Siempre me gustaron estos cuentos que, tras su costrilla de época (en esto Saki, Chéjov o Wilde eran maestros) revelan una delicia hecha historia: no imagino a Saki escribiendo novelones con largas descripciones, lo quiero siempre pensar –o soñar, mejor– dejando una  miríada de estos sorprendentes y exóticos pájaros, intensos y breves, sobre la rutinaria campiña inglesa, para nuestro gozo de lectores.

Nota perentoria:
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El cuento aparece bajo el nombre “El ventanal abierto” y bellamente traducido por Jesús Cabanillas en la Antología universal del relato fantástico, editada y prologada por Jacobo Siruela, que para alegría estival encontré en una entrada de Jack Moreno y recomendaba aquí.
La Antología casi anónima y anterior de Borges, Ocampo y Bioy elige el cuento de Saki “Sredni Vashtar” , sobre la aparición de esta criatura, narración también prodigiosa, aunque me quedo con esta elección del escritor y bloguero mexicano Fernando Fernández.
Como se trata de un cuento muy conocido entre los lectores anglosajones, el relato ha motivado  un buen número de versiones como corto cinematográfico, entre ellas destaco por su plasticidad (y por cómo resuelve la trampa del cuento) esta:

 

 

Pero no desdice ni mucho menos –más bien la amplía– su popularidad el hecho de que alguien haya acometido con cierta urgencia pero con gracia esta adaptación a los muñecos del videojuego The Sims:

 

 

La ilustración del gozne, mágico pese a su uso, es una nueva y deslumbrante creación de Humberto.
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