El desván de fm | al

Ni siquiera es una sección, pero surge con la voluntad de recuperar todo cuanto sucedió antes de que este rincón nocturno, pero no alevoso, se precipitase sobre la red. Bajo este titulillo irán apareciendo ensoñaciones y creaciones –propias y ajenas– que no son pescadas en el agua turbulenta de la actualidad, sino en el remanso del recuerdo.

 

Ubú y su teatro | Alfred Jarry, final del s. XIX y principios del XX

ubujarry

El absurdo no comenzó con el surrealismo, cualquiera que sea lo que entendamos por ambos movimientos, sino con Alfred Jarry, ese dramaturgo al que le gustaba montar en bicicleta. Quizá desde ese particular vehículo, que liga la velocidad al propio impulso, desde ese pedaleo donde toda detención es ya pura caída, pudo alumbrar las escenas donde un ser, con cuerpo de patata y cabeza de pera, desafió no ya al ejército polaco al completo sino a lo que el espectador medio europeo venía visionando como teatro.

 

Acaso quienes no quisieron pedalear con él se quedaron atrapados en la desazón inmensa de escuchar por vez primera en los escenarios el “merdre”, pero quienes pegaron desde entonces el oído alcanzaron a escuchar una música distinta, la misma que decenas de años después hemos podido escuchar a un Ionesco, a un Beckett, a un Arrabal o, por qué no, a los mismísimos Hermanos Marx. Sorprende leer por encima del hombro del audaz y teatral ciclista palabras como estas, escritas por Jarry cuando el siglo XIX apenas fenecía: “Dentro de pocos años, nos habremos acercado más a la verdad artística, o –si la verdad no existe, y sí la moda– habremos descubierto otra. Para entonces, dichos teatros serán estables en el peor sentido del término, si es que se dan cuenta a tiempo de que su esencia no es ser, sino evolucionar”.

Guiñolero (“las marionetas constituyen un diminuto pueblo por completo aparte, por cuyo país he tenido ocasión de viajar con mucha frecuencia”), hipercreativo, Jarry se adelanta unas cuantas décadas no solo a los dramaturgos, sino también a los escenógrafos –a un Picabia , pongamos por caso–, con su austeridad y reduccionismo frente al escenario romántico (que imitaba burdamente a la realidad); al cómic, con su diseño detallista de las máscaras de sus creaciones; o a la escena musical, con su subrayado en la entrada y salida de personajes. Quizá a él le debamos que el teatro, esa obra total de arte que hoy concebimos, no se haya quedado en una triste memoria de salones de té y teléfonos blancos, con personajes que repiten su papel y son más ventrílocuos de su autor que las arrebatadoras marionetas del padre de Ubú.

Jarry, el dramaturgo pensador que cuando “movía la pera” (uno de sus juegos de palabras favoritos, parodiando el nombre de otro dramaturgo revolucionario, en lengua inglesa) solía dejar a más de unos cuantos estupefactos, fue un teórico algo forzado (pienso que disfrutaría más con su paseos en bicicleta y sus títeres) pero brillante, y nada es mejor que sus palabras para fijar –con humildad por cierto–  el momento en que quedó la escena tras su breve pero mágica fulguración: “Y después de publicar algunos libros que acabarán por convertirse en clásicos, terminaremos muy probablemente de alcaldes de pequeñas ciudades en las que los bomberos nos regalarán jarrones de Sèvres cuando se nos nombre académicos… Entonces levantarán la voz nuevos jóvenes que nos encontrarán muy anticuados y que compondrán baladas en las que abominarán de nosotros. Ninguna razón hay para que no suceda.”

Nota de phinanzas (al estilo Jarry):
El vídeo arriba incrustado es de una de las adaptaciones –sospecho que televisiva– de Ubú rey más deudora de los sesenta, motivo por el que esta entrada figura en El desván. Un trabajo muy elaborado en escenografía de Jean-Christophe Averty (1965), que visualiza perfectamente a Ubú. Lamento la publicidad, de la que se nutre youtube.
ImagenExisten múltiples ediciones recopilatorias en lengua española de todos los Ubú (rey, cornudo, encadenado, etc.) y sus reducciones a teatro de títeres, y estoy por decir que (por fortuna) es uno de los libros más fáciles de encontrar en saldos de librería. Particularmente tengo debilidad por una versión que ha de ser de finales de los 80, el Todo Ubú de José Benito Alique, en una antigua colección de Bruguera –el editor es también atinado prologuista y traductor: suyas son también (milagro de la traducción) todas las palabras de Jarry que cito en la entrada.
También muy destacable la edición de Ubú rey de Cátedra, colección Clásicos Universales, a cargo de Lola Bermúdez, más reciente (2005) y alguna monográfica como el Ubú en bicicleta, una extrapolación a la patafísica del personaje, una de las publicaciones en español más recientes de Jarry, en Gallo Nero.
descarga     9788493856908
No hace falta decir que la patafísica es la ciencia infusa y difusa sobre la que descansa todo el universo de Jarry, y de su trascendencia da cuenta este manojo de enlaces, el último de ellos del excepcional blog Arte, Literatura y Ciencia, que echamos ya mucho de menos:

 

El Colegio de Patafísica

Vídeo patafísico

La Patafísica en Arte, Literatura y Ciencia

Anuncios