Una soledad demasiado ruidosa | Bohumil Hrabal, 1977

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Nos sumergimos de nuevo en la biblioteca, buscadores de una narrativa que ha tenido poca trascendencia en las editoriales del español, porque la traducción del polaco o el checo no son fáciles. A Bohumil Hrabal lo interpretan como a un Kafka, por aquello de su nacimiento en el territorio que hoy llaman Chequia, pero yo lo encuentro más zarandeado por la vida, y a la vez más atraído por ella –cómplice, por tanto, más que testigo– que el genial compensador de seguros. Quiero asemejarlo antes al mejor Bukowski, y no lo digo por los grados etílicos que son el entorno de esta historia, hecha de sangre, papel y cerveza, sino por esa consciencia del desastre profundo que duerme con cada persona y aletea en sus actos, por mínimos y anecdóticos que sean. Hrabal lo dice con una prosa armoniosamente vertida por Zgustova, a quien debemos el conocimiento en lengua española de esta prolongada novela corta:

…sonrío porque tengo la cartera llena de libros de los cuales espero que por la noche me expliquen algo sobre mí mismo…

Es, por otro lado, la esperanza de todo lector, pero aprisionada –como en la prensa de papel que el protagonista se las arregla para manejar cada día de su existencia– por treinta y cinco años de recuerdos que el simpático (produce simpatía, de ahí este calificativo) Hanta nos entrega abiertamente, envueltos en la tonelada de papeles que le salen al paso a cada momento. En una época compleja –si alguna en los países del Este no lo fue–, llama la atención la elipsis, la omisión, cuanto no se “prensa” en el ceñido y vibrante monólogo de Hanta, tocado de la virtud contemporánea de lo visual y la armonía de lo poético (el bello cuento que teje a partir de su narrativa de una antigua novia, que va de lo escatológico a la escarcha de la luna en un jardín). En el centro de todo ello, la realidad, como siempre trop épineuse, se empeña en enlodazarlo todo, en apartar a esta criatura antikafkiana (de lo humano pasa al filamento del insecto atrapado en el papel y no al revés) de su sueño de libros por dosel y balas de celulosa con alma de filosofo: “vivo envuelto entre personas dispuestas a dar incluso la vida por un paquete de ideas bien prensadas”.

La historia del prensador prensado (perdonad por la alevosía del adelanto argumental, aunque quien lea estas narraciones buscando solo argumentos se pierde mucho) nos enternece en fin porque, básicamente, es también nuestra historia, la trama de la que están hechas nuestras certidumbres e incertidumbres, la resma que nos ciñe al lomo y las cubiertas de nuestra vida, temerosos, o victoriosos, de la aceña de sombra que nos va vertiendo en la definitiva sombra.

 

Nota bien prensada:
ImagenLa colección Galaxia Gutenberg de Círculo de Lectores no es precisamente una alegría para el bolsillo.
Por ello lo más prudente es la incursión en la biblioteca pública, donde esta novelette u otra de título felizmente traducido por Trenes rigurosamente vigilados (1964) nos depararán buenas horas de reflexión y disfrute literario.
 Destino también ha editado la obra reseñada, que su autor consideraba esencial para su producción.
Una soledad demasiado ruidosa
Son diversas las adaptaciones fílmicas que este cuento largo / novela corta de Bohumil Hrabal ha acumulado, entre ellas una francesa con el buen Philippe Noiret en el papel de Hanta. Pero me quedo con una de títeres que este tráiler nos presenta sucinta y amorosamente:
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