Calendario fm | al 2015

31 de octubre | John Keats, 1795 – 1821

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El Calendario de fm|al no tiene por costumbre mentar a la parca por ser una celebración de nacimientos, nunca de muertes. Casos hay en los que la irrupción violenta o temprana de la cesación de esta vida ya casi predispone el comentario, y el de John Keats es precisamente uno de los que más leyenda poética ha deparado. Los contemporáneos llegan a atribuir a las críticas a su poesía el deceso, pero cabe imaginar que la tisis hizo su trabajo mejor que la opinión censuradora sobre una creación por otra parte hermética a lo mortal, casi impermeable a cualquier menoscabo humano, leve y volátil sobre todo, apenas sostenida como por un aleteo divino.

Durante mis estudios traduje una buena parte de los poemas de Keats, y una noche era tal el volumen de lo traducido que el sueño quiso regalarme una estancia en una casona, supuestamente de Hampstead, o de alguno de los lugares donde paró el poeta. Era un soñar vívido, detenido en las cosas –como la mirada de Keats–, amante de la infinitésima velocidad del trasiego propio de la existencia: un pájaro que se teje en la sombra, confundiendo el canto de su especie con el de la humanidad; una urna grabada por el sufrimiento de los que fugazmente figuran en su mármol, etéreo recuerdo y a un tiempo grave sepultura de lo que fue; el otoño, derramando sus excelencias con la lasitud de un paisaje atardecido…

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Pudoroso de mis traducciones, que no terminan de convencerme (¿oído, tono, exacta palabra que vierta y no derrame, qué es exactamente lo que siempre falta en una traducción de Keats? Gran misterio), hay algunas versiones en las que me siento cómodo (como aquella noche en la casa del sueño) y hasta feliz, otras ante las cuales confluyo, por simpatía, como las de Cortázar; otras, finalmente, no me las explico.

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Frecuentemente violentado por su sensibilidad, Keats partió de lo más físico (iba para cirujano antes de subyugarse por la fugaz existencia de los seres y las cosas), disfrutó con sensualidad de lo terreno (en sus cartas habla hasta de cierta mezcla del helado con un jerez) y dejó un mundo lírico donde siempre quiere como inadvertirse entre el prodigio de lo que es y ya casi está dejando de ser, practicando la empatía hasta el delirio, como si él fuese también el espectador de su propio y lúcido sueño:

Un poeta es lo menos poético de la existencia, ya que carece de identidad desde el momento en que se ve continuamente en la necesidad de ocupar el cuerpo de otro: el sol, la luna, el mar, los hombres, y mujeres, todo ellos criaturas de impulso, son poéticos, y poseen el atributo inmodificable; el poeta no tiene ninguno, carece de identidad; es seguramente la menos poética de todas las criaturas de Dios… Es triste confesarlo, pero es un hecho cierto que ninguna palabra que yo pronuncie puede ser considerada como una opinión proveniente de mi identidad, ¿cómo podría serlo si carezco de naturaleza? Cuando estoy en un cuarto con gente y dejo de especular sobre creaciones de mi propio cerebro, entonces no soy yo mismo quien regresa a mí, sino que la identidad de cada uno del cuarto comienza a presionar tanto sobre mí que en pocos instantes me anonada y esto no solo entre hombres, me ocurriría lo mismo en una guardería de niños.

(A Richard Woodhouse, el 27 de octubre de 1818)

 

Nota aleteante:
Cortázar y Keats están unidos además por un voluminoso tomo, Imagen de John Keats, donde el narrador vuelca su mundo en la pareja descripción de aquel del poeta –aunque uno termina sospechando más a Julio que a John tras su lectura.

 

Existe, como si fuera la de un famoso coetáneo nuestro, una página web especializada sobre el poeta:
http://www.john-keats.com/

 

También una película reciente que, a pesar de lo relamido del cine de época, consigue alguna escena bastante keatsiana –como la del poeta separado de su amada por una frágil pared.

 

 

Adenda: Ofelia me pasa este interesantísimo enlace a la publicación en la revista de la UNAM, en 1956, de un artículo de Luis Cernuda (de quien añoro más versiones de Keats: él hubiera dado con el tono exacto de su dicción, sin duda), precursor de su tomo sobre Pensamiento poético en la lírica inglesa del siglo XIX, de unos años después:

 Luis Cernuda habla de Keats en la Revista de la UNAM, 1956

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