Under electric clouds | Alexei German Jr., 2015

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Había casi perdido la conciencia de ese flotar vaporoso de Tarkovsky sobre las cosas, esa sensación de alguien silbando algo, muy extraño y a la vez muy conocido (cual esa nana que ya no recordamos pero sentimos siempre), como musitando tras la cámara, y ahora el hijo de Alexei German, con una sencilla película de episodios, me devuelve de alguna manera ese mundo de reflexión y poesía fílmica.

La película parte de la idea del sedimento y del concepto de la acumulación, de ese sueño de la razón que produce tormentosas nubes de presente a partir de la calada y callada lluvia del pasado: dos hermanos se debaten entre la inopia y una onerosa herencia, tan inabarcable como estéril. Varios doctores de historia custodian, sin apenas saber por qué, un museo o sus ruinas, merodeando por su paisaje vestidos de húsares, meros guías –y también perpetuos esclavos– de su majestuosidad oculta. Unos yonquis, habitantes de la misma derrota, persiguen la salvación de una niña secuestrada por un grupo de mafiosos como si en ello les fuera la vida –imagen casi viscontiana de la belleza salvadora, o evocadora de la enigmática figura infantil de Rembrandt en La ronda de noche.

Abordar el misterio de la vida en capítulos (recuerdo también esa inigualable Noche en la Tierra de Jim Jarmusch, con su recreación final del mundo de Kaurismäki y cía.) tiene la virtud de no representarlo en modo alguno, pero de sugerirlo en cada una de sus piezas. Desde la misteriosa necesidad del emigrante que no sabe cómo reparar su aparato de música hasta el paseo de la trama de un caballo por las arenas de la playa, en la secuencia final, nuestra avidez de espectador se ve invadida por la exploración y el desvelo de quien recuerda las voces primeras, el canto originándose, retumbando en el pecho materno, para después confundirse con el aire y la nada. Sentimos entonces la verdad de haber alcanzado un sentido y luego la impotencia –como en uno de los capítulos de la película– de haber advertido fatal e inútilmente al amigo que paseaba a un perro. Pero todo sigue siendo otra vez, quizá, un sueño.

Nota sentida:
Como un mantra, teñido de filosofía y aspiración humana, dejo por aquí una secuencia del gran Tarkovsky, majestuosa y acaso magistral finalmente. Ojalá todos supiéramos mantener el cabo de nuestra vela ardiendo, suma de nuestro empeño en la vida, y el mundo no se reventara –como ayer mismo, como mañana, desgraciadamente– de autómatas, de pura consigna, de ruidoso exterminio en vez de silencioso anhelo.

 

 

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Under electric clouds se proyectó en el SEFF´ 2015

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