El desván de fm | al

Ni siquiera es una sección, pero surge con la voluntad de recuperar todo cuanto sucedió antes de que este rincón nocturno, pero no alevoso, se precipitase sobre la red. Bajo este titulillo irán apareciendo ensoñaciones y creaciones –propias y ajenas– que no son pescadas en el agua turbulenta de la actualidad, sino en el remanso del recuerdo.

 

Los cuentos de Shakespeare | Mary y Charles Lamb (1807, edición de El Aleph, 2006)

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Aunque algo alérgico a las efemérides, y sobre todo si tocan eventos fúnebres, que de hecho no ocurrieron o al menos solo física, parcialmente (las muertes de Miguel de Cervantes y William Shakespeare), el blog ha dedicado ya dos entregas muy de Sancho al Quijote (Al pan, pan… y al vino, vino) y esta que hoy se dedica al teatro shakesperiano, tamizado por la visión escrupulosa de los Lamb , que prepararon unos cuentos en el siglo XIX a base de las dramatizaciones del XVI y XVII. Claro, resulta que las obras dramáticas eran una joya disfrazada de juguete popular y aquí el proceso se pensó a la inversa: de unas piezas consagradas por el conocimiento de la gente en los teatros se elaboran unas narraciones de cámara, liberadas de toda su “rudeza” original, con la excusa de acercar a los niños este universo.

Me detengo en una edición, mágica, porque reproduce para cada cuento, en unas ilustraciones bellísimas de Joëlle Jolivet, a los personajes de cuatro tragedias y un par de comedias de Shakespeare, engalanadas desde una cubierta troquelada que hace las veces de fingido escenario y nos envuelve del olor sugerente de los telones que se alzan o se ponen,  para iluminarnos o ensombrecernos, para congraciarnos con la suerte del bufón o aborrecer la del héroe.

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El conjunto (sobre todo en traducciones cristalinas, como esta que sugiero de Andrea Morales)  es académico pero goza de cierto minimalismo que nos acaricia las meninges del ahora mismo. El tono legendario (que en la dramaturgia solo puede ser sugerido por el lenguaje de los parlamentos y el vuelo de la escenografía) es aquí, lógicamente, muy acusado, y por ello la violencia de Lady Macbeth o el apagamiento propio de Cioran del Príncipe Hamlet no dejan de tener un viso de cuento de hadas, que los adelgaza y les otorga la licencia infantil, casi con ese exclusivo artificio narrativo (“Cuando Duncan el Manso reinaba sobre Escocia, vivía allí un gran señor llamado Macbeth…”).  Al final ese cocinar al gusto de los tres cerditos una tragedia de la ingratitud como es El rey Lear puede resultar un tanto falsa (para el lector que lo ha sido también -o ha sido espectador- de las obras teatrales) pero tan solo es diferente. Una creación, o al menos una recreación, de una pareja literaria entusiasmada a partes iguales por el folklore y por el genio de William Shakespeare.

Nota tragicómica
Macbeth, El sueño de una noche de verano, Otelo, Hamlet, Mucho ruido y pocas nueces y El rey Lear son las piezas que componen los Cuentos inspirados en el teatro de Shakespeare de los hermanos Lamb incluidos en esta edición. Alguna versión de otro de los 20 cuentos que integran la colección leída en su lengua original también puede rastrearse en la red:

 

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