contema cuarenta y seis

etwas

Somos tres, apenas sabemos alemán –a pesar de nuestro nacimiento– y estamos encerrados aquí, en este manual que lo enseña metodológicamente. No tenemos más reparo que tu conocimiento y más esperanza, definitivamente, que tu ignorancia. Nuestras horas están limitadas por una decena de verbos (en fin: comer, leer, jugar, comprar, pensar, vivir en, trabajar, estudiar, gustar, desear) y por unos cuantos campos semánticos, discretamente ordenados por el alfabeto.

Hoy tenemos que comprarle un regalo a Peter, pero es materia difícil y por eso hemos quedado en casa de Johann, y por eso cada uno –incluso Heinrich– lleva quince minutos uniendo sujetos y predicados y expresando cuánto le gusta a cada uno lo que va a comprarle a Peter. O cuánto no le gusta.

Cada cual trabaja en algo o estudia algo, come cuando puede y piensa. Vive en algún sitio.

Hoy –siempre es hoy cuando no hay todavía nociones de futuro– leemos y pensamos y, al final, nos toca decir lo que nos gusta –o lo que no.

Quizá por eso hoy nosotros tres, los que vivimos y estudiamos, nos hemos despistado de otra absurda lección de direcciones y movimientos, calada de preposiciones y establecimientos estúpidos.

Quizá por eso hoy –quédense con nuestros nombres por si ya no nos vieran más trasegar por el libro– los tres, Peter, Johann y Heinrich, hemos atravesado una rotunda puerta de alabastro, al fondo de una ilustración olvidada, y ahora rozamos el fango de las cosas y ahora, de repente, todo se inunda de un campo nuevo, infinito. Y ahora todo se siembra –ese es el verbo exacto– de muerte, de desolación, de derrota.

(c) félix molina, del texto, y Humberto, de la ilustración, 2016
Nota: es el contema 16 de la segunda serie
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