Mis relatos favoritos

“El mirall” / “El espejo”, en El millor dels mons / El mejor de los mundos | Quim Monzó, 2001 y 2007

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El título de la entrada nada tiene que ver (o todo, ya lo decidiréis) con el drama novelado de Kôbô Abe que vertiera Hiroshi Teshigahara en bellas imágenes y Fernando Rodríguez-Izquierdo en un hermoso castellano. Este favoritismo va dedicado a un cuento del inquietante Quim Monzó, El mirall (El espejo), una barcelonesa vuelta de tuerca a la fábula wildeana de El retrato de Dorian Grey. Ignoro si Monzó pensó en esta novela de ambientación preciosista, prerrafaelista (su cuento también está lleno de delicadas anotaciones artísticas) o en el expresionismo de Kôbô Abe, pero igualmente resultó, en todo caso, el retrato único de una sociedad, de un momento, de un modo de pensar y hasta de sentir demasiado familiar para quienes esto leemos (y para quien preste oídos a la docena y media de anuncios de colonias que pueblan por estos días las pantallas).

Alguien –un alguien anónimo, ciudadano–  se encapricha con que le hagan un busto y se somete a las sesiones (más o menos torturadoras, esto que lo decida también el lector) de un excéntrico pero verosímil gabinete escultórico. Lo que sigue es tan imprevisible como lógico, en un entorno amante de lo aparente por encima de lo esencial, amigo de la máscara (aunque sea muy propia) por encima de lo engendrado por la naturaleza.

Así es Monzó: mira a su alrededor, disecciona el objeto de su contemplación y nos lo sirve acompañado de una guarnición de palabras exquisitas, en catalán, en castellano o en ambas lenguas –suele ser, por cierto, un elegante traductor de sus relatos. Acabamos el menú que nos cocina y al final, no sin cierta antipatía –inteligentemente manejada por el narrador–, nos reflejamos en la superficie del plato, lisa como ese espejo del título. Y desasosegante, siempre químicamente desazonadora como la prosa de Monzó.

 

Nota anestésica:

 

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El cuento puede leerse, con gemela satisfacción, en la edición primera de  El millor dels mons, Quaderns Crema, 2001, o en El mejor de los mundos, Anagrama, 2007, edición que nos aguardaba a Ofelia y a mí en un café discreto del barrio y cuya lectura me depara la segunda alegría de su descubrimiento (he aquí la ventaja siempre de gozar de lenguas próximas: que permiten más lecturas).
La película de Hiroshi Teshigahara sobre la novela de Kôbô Abe, tenga o no que ver con este cuento, se puede inspeccionar aquí –al menos su prodigioso y pegadizo vals:

 

 

La foto inicial de la entrada lo es de un montaje del no menos prodigioso Humberto: El sacrificio de la Epifanía, 2016.

 

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