Vaya, con un beso para Ofelia, luz sobre todo, este reblogueo de una de las entradas más visitadas del blog. Publicada hoy con la misma intensidad (y un amor mayor) con la que fue escrita hace tres años, tal día como este. La calle donde sigo, seguimos naciendo. Cada día.

félix molina

Un día | Y ya dos

lacalle

No es nada fácil hallarse ya casi en medio de esa mitad de la vida de la que hablaba Dante (al menos de la vida de su época) y, como de repente, encontrarse ante la calle de la felicidad, ante el momento exacto donde la vida es, porque es en otra.

Fue en esta misma calle. Acaso en el lugar mismo donde una pintada –que no es nuestra pero sí lo es– la encarna, la tinta de un rojo invencible. Allí –aquí–  tomó forma, inopinadamente, con la misma ternura e inmensidad (sin mi grandeza) de Beatriz en un paseo medieval, ya casi renacentista, de Laura  en un soneto de nieves y marfiles, de Leonor en los pétalos de una flor solitaria de montaña, de Josefina en la huida mortal hacia la libertad (por imposible que fuera), a lo mejor de la forma más suprema…

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