contema sesenta y siete

Miren, lo de que me dejen de abonar todavía un sueldo es apenas una minucia en la que no repararé; tampoco les afeo el que trabajase muchas horas de más, casi que lo contemplo en el cupo de mi destino. Sé que el desapego con lo que llaman sus hijos les imponía mi ocupación, y a seleccionarme dedicaron un buen tiempo. Fue en balde.

No les quiero reprochar la ausencia de luz en casi todas sus habitaciones, ni siquiera la nula decoración, que nubla incluso el sentido, a pesar de que disponen de todo el dinero del mundo para adornar sus vidas. El que construyeran esos habitáculos para, digamos, sus hijos, es algo que me inquieta, pero que sobrellevé hasta ahora. Y no hablo de lo excéntrico del alimento, ni de las deshoras de las actividades de los, llamémoslos así, niños.

Mi vida apenas da más de sí, pero las de ellos se prolongan gracias a las de otros seres y esa es mi preocupación más grande: que necesiten tanto de la esencia de los demás, que hagan de lo otro lo suyo, que deambulen en medio del apropiamiento continuo, del rebanar las expectativas de las personas, de sus sueños, de sus realidades.

No sostendré más sus manos si es para la caza, para el deterioro ajeno. No vagaré más con ellos en la noche si es para perder el día de otros ciudadanos. Espero que lo comprendan.

 

© félix molina, 2018, del texto y la ilustración.
Nota: se trata del contema siete de la tercera serie.
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