contema setenta

Lo primero es resumir los gestos, para que puedan inventariarse y repetirse. Hacer los mismos cada día. También es necesario no dedicarse mucho a algo. Pasar sobre las cosas como el aire. Apenas quebrarlas con la tentación del espíritu, con el afán o la fantasía de lo propio.

Luego también está asegurarnos nuestros pasos, frecuentar los mismos sitios, agotar las mismas horas: simples palabras o iguales deseos pueden ser auxiliares de nuestra pretensión, escuderos del alma, o lo que sea.

Si en el trasiego nos perdemos por una calle distinta, hay que advertir que solo nos separan dos confluencias de la misma de siempre. Encaminémonos prontos a ella, sin perder el pulso. Confortados por la sombra familiar, nada nos distraerá de nosotros: haremos de esta unidad la casa mejor, la habitación sin par.

Cualquier zozobra ha de reducirse semejanza, continuación. Ha de apagarse como el fuego cualquier incontinencia de lo variable. Asumamos lo distinto como malo.

Solo así se puede mantener en un mismo cuerpo un alma única. O lo que sea.

 

 

© félix molina, 2018, del texto y la fotografía.
Nota: se trata del contema diez de la tercera serie.

 

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