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Marjane Satrapi, novelista gráfica | n. 22 de noviembre de 1969

En 1985, el poeta y traductor –el orden es mío, y no excluyo con este guión una buena veta de narraciones que también se trajo entre manos— Ramón Buenaventura fue con Las diosas blancas el antólogo de una serie muy buena de poetas en lengua española que abriría delicada pero eficazmente la consideración hacia estas escritoras. Hacer lo que hizo en esa fecha y con esa denominación (en vez de poetisas) tiene la categoría de logro y merece todo reconocimiento, cuando hoy no pasaría de una media docena de retuits y si acaso un buen hilo.

Quiero decir con ello que el tiempo –su circunstancia– ordena de algún modo el valor de las cosas y a Marjane Satrapi nada más apropiado que a la par de genial dibujante y novelista gráfica llamarla valiente. En 2000 comienza con Persépolis una saga en cuatro tomos que mete el dedo en el ojo a lo más estrecho del pensamiento iraní a base de retazos de la vida diaria, casi familiar (nada de alta política o siquiera de la ironía y la mirada fresca de un viajante Guy Delisle). Este ejemplar exorcismo se continúa con Bordados (2003) y Pollo con ciruelas (2006). Parecen fechas muy recientes, pero no en cualquier punto del hemisferio el sentido común y la dignidad, independientes siempre de cualquier noción religiosa, parecen guías de un modo de conducirse, ni en la vida particular ni en la pública.


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Una vida perpetua de exilio (primero Austria, después Francia) ha debido de propiciar en Satrapi ese nublo de la distancia que todo lo embadurna de una cierta ternura, aunque sus cómics dibujan masacres, asesinatos, abusos de poder y otras torpezas del ser (in)humano. Su lectura es adictiva y tiene el valor, muy de moda en tiempos como estos de autoficción, de incorporar el punto de vista sensible y comprometido de una artista sobre sus días o, en su caso, la noche de sus días que fueron su infancia y su juventud.

 

Nota liberadora:
Además de su experiencia con la novela gráfica, esta autora ha decidido llevar al cine a dos de sus creaciones, con un método distinto: Persépolis –más histórica— queda decantada hacia una elegante animación,

 

 

en tanto Pollo con ciruelas, más íntima, se versiona como una película convencional, sin animación,

 

 

Hay que conectar el venero que incorpora Marjane Satrapi con realizaciones como la de la novísima y Premio Nacional del Cómic 2018, Ana Penyas, dispuesta a explorar en Estamos todas bien, mediante la observación de su propia familia (sus dos abuelas, concretamente), lo más oscuro de la historia de España (que también lo tiene, para que no seamos tan magníficos).

 

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