pintura-balsa-de-la-meduse
Esta ilustre lista de 30 escritores invitados me sustituye. Buenas vacaciones a todos! Pueden ver la lista al final. J re crivello

 
Agosto 11: Félix Molina Las olas

 
Siempre el sueño de todos los veranos era acabar en aquella cala, de arena limpia, de agua más azul que ninguna. Solitaria.
Ninguna sombra que no fuera la propia, reflejada sobre los gránulos calientes, mientras el tiempo, como tamizado por el sol, se atravesaba de un lado a otro del promontorio –pienso en las cápsulas de los relojes de arena–, muy lentamente. Era un placer no contar allí con aparato alguno que distrajera de este paso de las horas, ni un libro siquiera.
El punto que inquietaba, minúsculo, el fondo del horizonte no enturbiaba el paisaje. Solo le daba el contenido, la precisión de algo real. Movimiento. Aquello no era una pintura. Era tu propia vida, disfrutando de la tranquilidad de serlo.
Que luego el punto aquel fuese tomando forma humana tampoco resultaba estridente. Qué va. Todo encajaba en el dinamismo del momento, el balanceo de las olas y la luz despeñándose con cada gaviota, una ligera brisa meciendo los árboles que coronaban el despeñadero que servía de marco a todo (¡como si aquello fuera una pintura!).
Tampoco era un desaire que aquella figura se hiciera ya evidente, que se proclamase junto a algo que parecía una embarcación, botando de un punto a otro del horizonte, un hombre —¿era un hombre?— agarrado a un mástil —¿era un mástil?—, del que ya se podía hasta oír un grito —¿un grito? —.
Unos minutos más y el hato de maderas, cada una con su color y su forma, tableteando sobre el picado de la orilla, se precipitó sobre la lámina brillante, justo a tu lado. En aquella cala silenciosa, sin una mano que os pudiera ayudar, sin un teléfono o algo que sirviera de reclamo, que os aproximase a alguien, a ti y a aquel muchacho roto, con tanta sangre como astillas mezcladas con la espuma, ese joven deshecho, sangriento y sudoroso sobre el remo viejo de una piragua de juguete, languideciendo en esa tarde ya. Y tú.

 

 
02: Antonio Caro Escobar 2 Agosto 03: Verónica Boletta 3 Agosto 04: Pedro J. Guirao 4 Agosto 05: Melba Gómez 5 Agosto 06: Diana González 6 Agosto 07 Felicitas Rebaque 7 Agosto 07: Marisa Doménech 8 Agosto 10: Elloboestaaqui Rafael Lopez 10 Agosto 11: Felix Molina 11 Agosto 12: Ricardo R. Martí 12 Agosto 13: Marie Estelle Picouto 14 Agosto 14: JJ Zaratruciano 15 Agosto 15: Jorge Aldegunde 16 Agosto 16: Lucas Corso 17 Agosto 17: Carlos Usín 18 Agosto 18: Claudio Nigro 19 Agosto 19: Diego Sergio Miranda 20 Agosto 20: María José Moreno 21 Agosto 21: Romanticismo Rafael R. Costa 22 Agosto 22: Una Fingal 23 Agosto 23: Victor Chamizo 23 Agosto 23: Arturo NG 24 Agosto 24 F J Martín 25 Agosto 25 Awilda Castillo 26 Agosto 26 Victoria de la Fuente 27 Agosto 27 Francisco Peregrina 28 Agosto 28 Paloma Grandon 29 Agosto 29 Jean Carles Cacay 30 Agosto 30 31 Agosto j re crivello ¡De regreso!

 

 

Esta entrada está reblogueada de la original de Juan Re Crivello, cuyo blog es muy recomendable. La ilustración de arriba es una troquelación del cuadro de Géricault, La balsa de la medusa. Lamento, por supuesto, la oportunidad de esta prosa, que seguirá siendo actual en tanto un verdadero corazón –quiero decir: una voluntad honesta– no sustituya al horror y a la injusticia…

Barcelona / j re crivello

Esta ilustre lista de 30 escritores invitados me sustituye. Buenas vacaciones a todos!  Pueden ver la lista al final. J re crivello

Agosto 11: Félix Molina Las olas

Siempre el sueño de todos los veranos era acabar en aquella
cala, de arena limpia, de agua más azul que ninguna. Solitaria.

Ninguna sombra que no fuera la propia, reflejada sobre los
gránulos calientes, mientras el tiempo, como tamizado por el sol, se atravesaba
de un lado a otro del promontorio –pienso en las cápsulas de los relojes de
arena–, muy lentamente. Era un placer no contar allí con aparato alguno que
distrajera de este paso de las horas, ni un libro siquiera.

El punto que inquietaba, minúsculo, el fondo del horizonte
no enturbiaba el paisaje. Solo le daba el contenido, la precisión de algo real.
Movimiento. Aquello no era una pintura. Era tu propia vida, disfrutando de la
tranquilidad de serlo.

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