Félix Molina adelanta el capítulo semanal, ¡ha llegado en el pitido final! Muy interesantes las imágenes que acompañan hechas por el autor -j re crivello

El hambre en el bosque de W. (2 de 3)

 

Poe, disperso y melancólico (con frecuencia pensó que ambas eran consecuencias del fluido que le servía London por aquella extraña cañería), sigue escribiendo que F. se salvó aquella vez del espíritu del bosque de W. Pero que, desdeñoso y truhán, lo primero que hizo fue celebrarlo en la Abadía del Cuervo, tugurio que se posa en la linde del bosque. Y que allí, apostado sobre una barra que tiznaba sus codos con el hollín de sus predecesores, dio una vez más –como si no lo hubiera conocido— en jactarse de su incredulidad en el ser horroroso.

Ocurría que no podía prescindir de la entrega de varios mensajes –así se ganaba o se perdía su vida– en la ciudad de L., justo al otro lado de W. y su bosque. Justo en el otro extremo de los dominios de la monstruosidad que ya conocía. Que ya le era incluso familiar, entre las babas recónditas de la memoria que intentaba nublar con el brandy y el ajenjo. Por eso propuso su misión, en aquella noche ya proclamada tras las ventanas turbias de la taberna, a un forastero  del antro, uno ansioso por varias monedas que prolongaran los tragos.

Pero su espanto era tal que no prodigó la leyenda y el miedo a su suplente. Le habló solo del destino de sus mensajes: una pensión, un mercader de viandas y el notario de L. Entre el hedor y el sueño alcanzó a dibujarle en un pañuelo, como con magia, las líneas que le conducían a estos tres destinos, apuntando sus nombres y una seña para cada uno (nadie la demandaba: solo él se había acostumbrado a esto, que juzgaba una deferencia).

Y cuidó, por supuesto, entregado a la sombra que lo olvidaba en un rincón espeso de la Abadía, de cebar convenientemente al desprevenido viajero. Por lo que fuese.

 

a través de Poe no ha muerto, V by Félix Molina — MasticadoresdeLetras-USA