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William Carlos Williams | 17 de septiembre de 1883

Siempre me atrajo este poeta cuyo apellido volvía a ser su nombre y que miraba a los cuadros no como un mero esteta sino insuflando a su mirada el valor de lo humano. Después de un abrupto inicio imaginista, con una poesía repleta de experimentos de todo tipo (sintácticos, léxicos, etc.: para entendernos, una especie de Perito en lunas en modo sostenido), su poesía se hace más profunda en el sentido en que se desapega de su virtuosismo —que es mucho— sin perderlo (como en Miguel Hernández, cuando pasa de ‘Suicida en cierne’ a las ‘Nanas de la cebolla’).

La crítica (es muy clarificador el ensayo de Montiel en la nota) suele describir su trayectoria como un despojamiento, pero si se lee con años de por medio y detención es más válido anotar que lo que hace es darle sentido a toda la invención de su poesía: un mundo nuevo no es más que un nuevo modo de pensar, decía. Por seguir con el ejercicio comparatista en que se está convirtiendo esta entrada (y por si sirve para aproximar al lector de poesía española), es como el Blas de Otero que va acopiando todos los recursos expresivos desde Ángel fieramente humano, pasando por Ancia y hasta llegar a sus poemas sociales de la última época. Jorge Guillén o Juan Ramón también podrían meterse en este saco.

Un poema típico de las primeras épocas (digamos hasta los Collected poems de 1934) de Williams suele denunciar a la poesía, al mismo tiempo que se vale de ella:

Otro de las épocas posteriores (por ejemplo el famoso sobre Ícaro en Pictures from Brueghel, 1962, prodigio de amor por el arte y su sentido) hace uso del artificio lingüístico precisamente para destacar la figura humana que subyace en toda creación poética:

El nexo entre ambos paradigmas es, por ejemplo, un poema épico como Paterson, inspirado en la lectura de Joyce (y yo sospecho que también en el Eliot de  ‘La canción de amor de J. Alfred Prufrock’ ).

La impresión que tengo siempre, cuando vuelvo a leerlo, es que Williams es uno de esos poetas rumiantes, que está constantemente volviendo a lo que escribió. Pero para revivirlo, más que para recopilarlo. Utilizando una imagen que perfectamente podría haber dado vida a algún poema suyo: alguien que está visitando siempre la última despensa de la casa para que en la cocina nunca falten las ciruelas del desayuno.

 

 

 

Nota capicúa:
Interesante y clarito este ensayo que funciona como introducción:

 

La invención necesaria

 

Mucha de la inspiración del propio Museo de bellas artes (en preparación) se debe a este poeta y a Auden, tocados los dos –desde diferentes ideologías– por un análogo sentido de humanidad:

 

El molino y la cruz 

 

Del poema épico Paterson (o más bien de la admiración por él) deriva también una de las últimas películas de Jarmusch (sí: la del conductor de autobús poeta:

 

 

Las traducciones son propias.