Mis relatos favoritos

Pájaros en la boca | Samanta Schweblin, 2008

Traigo a colación –nunca mejor dicho este fósil del lenguaje– esta maravilla de cuento de Samanta Schweblin a raíz de Pájaros en la boca, el que da título a un libro de sorpresas narrativas, como el hitchcockiano Irman, el kafkiano Hacia la alegre civilización o el toquedimensión desconocida‘ de Última vuelta, tono que perdura en otros del volumen.

No voy a destripar nada, emulando a la protagonista del cuento, pero sí a adentrarme en la habitación oscura del vampirismo como una de las más frecuentadas por la literatura, por el cine y por cualquier subterfugio para crear arte que se nos ponga por delante. Quitando a los canónicos (de cuellos muy chupeteados ya, como los personajes de Bram Stoker), pasen y vean vampiros escritos y filmados, desde los finos versos que describen la impaciencia de la Lamia de John Keats :

When from this wreathed tomb shall I awake!                                                                                        

When move in a sweet body fit for life,

(Cuándo despertaré del sueño de la muerte / cuándo me arrastrará la dulce vida de un cuerpo)

hasta el hermoso abuso visual de Déjame entrar  (la primera, la sueca de 2008, la de Alfredson), donde me temo que muchos dejamos de sentir esa nostalgia dulzona por la eternidad vampírica de la Entrevista con el vampiro de Neil Jordan y Tom Cruise.

La originalidad de estos Pájaros… está en esa inyección cortazariana de realidad que termina por ajustar el sentido original del vampirismo a una situación mucho más comprensible a las mentes de ahora: por ejemplo, las castrantes custodias de los hijos de dos que se divorcian (sea él o ella el castrador, o ambos, me es lo mismo). En medio queda el desvelo por la amada descendencia, todo lo que se dejan los personajes del cuento por satisfacer las costumbres, los hábitos y, en fin, la rutina –por gruesa y desagradable que sea– de una hija para la que nunca son bastantes las cajas de zapatos.

Nota sangrienta:

El libro que contiene este cuento genial se publicó por vez primera en 2008-09, pero fue reeditado –en una operación vampírico-editorial– nuevamente en 2015, en el volumen que figura en la foto, y que me regaló mi hermana Noelia. Todos sus cuentos son aconsejables, incluso los que la propia autora vampiriza de su primera época narrativa.

Hay un señor o señora de Wikipedia (anónimo/a) que escribe una genialidad de lista al final de esta entrada sobre el vampirismo en la literatura. Lo que disfrutaría Borges con estas cosas. Lástima.

¿Y Cortázar? Pues Cortázar es el pájaro (uno de ellos, porque también husmeo en estos cuentos a Shirley Jackson) que se tragó Samanta Schweblin para servirnos en bandeja (o en caja de zapatos) estas delicias. Y que siga.