Antes de que acabe este año tan agradable y tan lírico, quiero acabar yo con los reblogueos de una pequeña serie aparecida en Masticadores LAB que completarán este poeta y una poeta. Comparten con sus compañeros de serie el desconocimiento (a veces brutal) del público en general y en ocasiones, incluso, la inexistencia…

El texto puede leerse en su original cibernético aquí: Se llamaba… Gonzalo Arango

Como para olvidar a un poeta que además de su sombra y su poesía nos ofrece nada menos que todo un movimiento: el nadaísmo.

–Perdóneme, profesor. Entonces, ¿quiere usted presentarnos a un autor no suficientemente conocido que, además, creó un ismo? ¿Y el ismo también lo hemos olvidado?

Bueno, no sé, querido alumno, si estará olvidado para todas las cabezas –sobre todo para las no colombianas– pero al menos para algunas como las de este aulario parece que sí… En fin, Gonzalo Arango. Poeta dotado de imaginación sorpresiva, a medias entre un surrealista y un poeta social. Yo diría que un Vallejo pasado por la batidora de los años 60 y el existencialismo, del cual deriva, para la América que habla en español, el nadaísmo. Un creador que es capaz de empezar así una prosa:

Se llamaba Gonzalo como yo. Ese tipo no meditaba en nada, simplemente estaba de pie hacía dos horas, sin esperar nada, bajo un sol quemante, lo cual no impedía que llevara encima su viejo sobretodo raído, recuerdo de su vida militar… (En ‘Yo recojo mi cadáver´).

Él mismo en el poema ‘Los nadaístas’ define esta tendencia, o más bien a los que la siguen, y define al nadaísta-tipo como un individuo que

Va solo hacia ninguna parte
porque no hay sitio para él en el mundo
no está triste por eso
le gusta vivir porque es tonto estar muerto
o no haber nacido.
Es un nadaísta porque no puede ser otra cosa…

El nadaísmo como tendencia (que al menos el corrector de Word me reconoce), como reacción poética a la tradición literaria, duró hasta los 70, y se apagó con el propio poeta, que muere en un accidente de tránsito (me gusta más la denominación latinoamericana que la europea) el 25 de septiembre de 1976, olvidando quizá esta línea suya de ‘Un girasol para mi muerte’: Viernes veintitrés: lo único que siempre dejo para mañana es mi muerte…

Aunque puestos a recordar me quedo con este verso fulgurante de ‘La salvaje esperanza’: Éramos dioses y nos volvieron esclavos.

–Oiga, y ¿no contamos con fotos de este señor?

Adivino en su rostro, querida alumna, la sapiencia de quien cree haber descubierto un fake-poet.  Pues no. Puede encontrar tantos retratos, fuentes bibliográficas y pruebas de su paso por este mundo como quiera en este sitio: https://www.gonzaloarango.com

Yo por mi parte lo conocí en efigie en esta bella edición cartonera cuya cubierta o portada coloco arriba mismo, como fotografía.

Que ustedes lo disfruten.