Una Noche | Un poema

Para esta Noche en que todos queremos desprendernos de la desgracia y dar lo mejor de nosotros os dejo, casi como felicitación, este poema inédito de la sección ‘Cinemas’ de Museo de bellas artes. En él permito –por qué no, así es la poesía– que el dolor hable por boca de un abrelatas. Que tengáis unas fiestas (si las hay) lo más gratas posibles. Y arrojéis en el vertedero más cercano aquello que ya no tiene que ser, lo que no ha de repetirse.

R. Polański


Yo soy el abrelatas que perforó la lata
de amargos pepinillos que encontró, en la casa desierta,
el pianista del gueto de Varsovia.
Aquí pervivo por el millón de siglos
que van desde la calle
de las botas ceñidas, altas, negras,
a la luna labrada encima de los bloques
de pisos derruidos, del coche
que espera al capitán entre las fauces
de la derrota.

He atravesado la maldad
de soldados que reían en Silesia
la suerte del judío a quien pertenecí,
el chiste oscuro mordido
por sus dientes encima del mentón,
la luz agónica escupida
en las ventanas borradas por el fuego.

Amanezco mientras tus dedos largos, sucios,
golpean en la esfera de su acero
enfebrecido por el frío
la lata que abriré; y no es un golpe,
es el ritmo de una polonesa,
es el vértigo acunado en Mallorca
que suelta sus caballos en esta noche triste
de Polonia.

Me lanzaron al aire denso,
desvencijado,
del escondite donde urdías
tu miseria, después de la avaricia
de la música, tan robada a la muerte
y al odio
como esta cuchilla oxidada
que te salvó.

Envuelto en la tristeza, ya más
un souvenir que un amuleto,
me acomodé en tus horas libres
hasta que la desidia, acaso lo feliz
de tus días, me desechó en un domado
vertedero polaco –como en un exorcismo,
como si al desprenderte de mí
te desprendieras de tu historia–. Aquí yazgo,
paz en la turba al fin,
ruina,
objeto.

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No ha de ser casualidad (casi nada lo es), pero también recordé una Noche como esta pasada con una imagen de la misma película, aquí la pongo por si queréis revisitarla:

En esta noche  

Recomiendo la secuencia de leer primero aquella y luego esta entrada, siete años después…