Cartas desde América, 3 | David Foster Wallace

La tercera carta americana (ahora alojada en Masticadores Archipiélago) va sobre el amigo D. F. Wallace y su apasionante y obsesivo mundo.

De modo que David Foster Wallace quería comerse una langosta. Por el gusto de saber cómo sabía y porque quería escribir un cuento alusivo. Así que cogió el Buick color celestón (pocos sabían que David Foster Wallace era el propietario de un Buick celestón, y menos que conducía) y agarró la ruta 55 del Estado de Illinois buscando una langosta que comerse.

Solo tenía una idea muy vaga de que en las carreteras hay restaurantes que dispensan langostas y que por tanto, en esta carretera, precisamente en esta, tenía que haberlos. Y haberlas.

Así que condujo cincuenta, sesenta millas y se encontró con el primero. Feo hasta morirse, con las paredes de cal desconchada y letreros borrados, que apenas decían algo borroso en sus cristales. Entró. Se sentó junto al mantel de cuadros de un rojo desvaído de una mesa. Le atendió un hombre casi sordo, que primero entendió ‘lenguado’ y después ‘mangosta’. David Foster Wallace sacó de su bandolera un cuaderno donde solo escribía, pero donde tuvo que dibujar una ‘langosta’ para este hombre. Mientras el hombre preguntaba en la cocina, una señora con gafas de pasta gris que se había apostado en la mesa de enfrente –con cuadros azules igualmente desvaídos– se levantó como si se dispusiera a asesinar a David Foster Wallace, pero solo quería pedirle un autógrafo. La señora –que se quitó con coquetería las gafas– dijo admirar a David Foster, dijo haberlo leído todo de él y sobre él, y se puso a detallarle al señor Wallace uno de sus propios cuentos, el titulado La persona deprimida. D. F. lo escuchó respetuosamente, sin quitar una coma de lo que contaba la señora, pero firmó el autógrafo y decidió no esperar a la langosta.

Luego recorrió otras cuarenta millas más, pensando en qué era más difícil, si encontrar una langosta o una lectora en la ruta 55, y dio con un pequeño restaurante, que en realidad era un motel, que en realidad era un taller mecánico. Entonces se registró, no se sabe si para dormir o para comerse una langosta y de paso arreglar su Buick celestón (que casi nadie conocía). Y le preguntó al recepcionista, con voz que él imaginaba de David Foster Wallace, si podía servirle una langosta. El hombre frunció el ceño y, cuando D. F. se disponía a sacarle el cuaderno (ese que le servía para escribir pero que ahora utilizaba para dibujar, ese mismo), no tuvo más remedio que declararle, como recepcionista, que no se molestara, que él no sabía leer. Unos segundos estuvo, no llegaría al minuto, esperando (quizá con añoranza) David Foster que apareciera una señora con gafas de pasta gris. Pero no. Y se fue.

Se hacía de noche, cuando, en el km. 77 de la ruta 55, David Foster Wallace encontró, próxima a la población de Springfield, una cafetería. Pensó que no sería el local más idóneo para servirle una langosta, pero preguntó igualmente. La joven muchacha que atendía (además de llevar las cuentas del negocio, además de regar las plantas de la pequeña terraza, además de cuidar a los niños del sheriff cada tarde de sábado) le dijo que no podía asegurarle. Pero que iba a preguntar. D. F. se sentó en la única mesilla de la cafetería, una sin algo desvaído. Sacó por fin su cuaderno de dibujar para escribir y respiró profundamente mientras limpiaba sus gafas, que por primera vez no le recordaban a la señora gris de las de pasta. Preocupado porque no le arreglaran bien allí el coche, empezó a escribir sobre la langosta. Sin probarla. Y se durmió.

La muchacha, todavía joven, se acercó con delicadeza sobre su hombro y le susurró que ya era tarde, y que no le importaría cualquier otro día, pero que esa noche precisamente tenía que cuidar a los niños del sheriff. Aunque ya había regado las plantas. Y no había cuentas que llevar. David Foster sonrió, pero a Wallace apenas le alcanzó para decirle a la chiquilla aquella que solo quería dormir.

Completa la lectura con la nota biográfica en https://masticadoresarchipielago.wordpress.com/2020/12/11/carta-desde-america-3-david-foster-wallace-by-felix-molina/