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Cinco películas | Y algún documental

En un mundo de pandemias que se van (o eso parecía: toco mucha madera) y volcanes que no cesan, para tragedia de mucha y buena gente, qué otra cosa pedirle al cine que no sea el aplicarlo como ese bálsamo que fue siempre, esos minutos u horas de un lienzo en movimiento, quizá no siempre amable pero cada vez acogedor, desde el momento mismo en que todo se apaga en la sala… para empezar en algún otro sitio.

Cinco han sido las películas que nos han llamado la atención en esta edición –decimoctava ya– del Festival de Sevilla, o quizá es que nos dejamos llevar en esta reseña por las que pueden tener alguna exhibición en las salas de cine. Eso esperamos.

Lamb, de Valdimar Jóhannsson, se alimenta sabiamente del rastro ancestral y legendario de telúricas voces islandesas (cuánto cine y qué bueno se deja caer en las pantallas del Festival de aquellas tierras) en una historia que aún no sabemos a qué género adjudicar. Sus giros, la interpretación magistral de Noomi Rapace y el deslumbrante escenario de una trama angulosa pero que deja poco espacio al aburrimiento me llevan a decir que será la más comercial de todas las que aquí coloco.  Sin que ello desmerezca su calidad: quien la ha filmado –un técnico del cine, en su primera película como director– sabe de lo que cuenta y permanece atento a que el hallazgo de fotografía o incluso sonoro dé sentido a una historia no por irracional demasiado humana.

Evolution es la última y poliédrica pieza de Kornél Mundruczó, director que ya es una presencia habitual del SEFF. Si el perspectivismo es una vieja prebenda del cine, con maestros como Kieslowski y su trilogía, la vuelta de tuerca de Mundruczó en esta película viene cogida de la mano de las víctimas del Holocausto. Interesa seguir la emoción de todas las historias, de los tres bloques enlazados con muy buen tino temporal, porque así vivimos el final como una victoria y no como la constatación del desarraigo. Una maravilla la interpretación de los personajes más jóvenes.

Memoria (así, en español, porque es básicamente una película colombiana) es de las películas que nos dejaron más pensativos en esta serie. Apichatpong Weerasethakul no renuncia a nada de su efectismo (escenas tan monumentales como sus gigantescos silencios y pausas) para contarnos a través de la antena Tilda Swinton (qué interpretación la suya) una historia que quiere y no quiere que sepamos del todo. Nada nuevo bajo el sol de este director, que hace de la inquietud y el misterio vital su sombrilla favorita.

Bloodsuckers, de Julian Radlmaier, hace de la anacronía y el descaro visual su bandera, antes que las del marxismo y el vampirismo. Es una historia digna del carcajeo más atroz bellamente contada, donde las motocicletas más modernas se mezclan con el utopismo más antiguo. Son de esas películas que, a pesar de su metraje, uno podría estar viendo muchas horas seguidas, por el mero gusto de pasear tranquilamente por sus planos, como por la playa que es el centro de la narración.

Dejo para el final de la serie a Feathers, de Omar El Zohairy. Una adaptación de la Metamorfosis kafkiana que nos sirve un laberinto de estancias sucias y pobrezas de todo tipo (las más lacerantes, como siempre, son las mentales: machismo, supremacía de una élite, exclusión) para denunciar un estado brutal de cosas e inquietarnos con una trama sencilla (un padre que se convierte en una gallina) pero perfectamente trenzada (aunque cabe pensar que la trenza también estará llenita de mierda). Pese a todo la historia es medianamente divertida –no la veáis, de todos modos, en un mal día…– y rodada con una inteligencia espacial muy rica, que nos hace incrustarnos en las (mal)vivencias de sus personajes.

Nota fílmica:

Hay siempre piezas más ignoradas en un Festival con tan extensa programación. Yo destacaría Babi Yar. Context, documental que me sopló la cinéfila cuenta tuitera de @Juanjo1811, o de cómo un montaje espectacular de imágenes bélicas y del Holocausto puede ser la mejor de las denuncias y la memoria más efectiva de un tiempo convulso.

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Palmarés SEFF 2021