Un huerto | Un destino

…bien sabes, Santiago,  que no me fiaba del carpintero, desde lo del mercado en el templo siempre lo juzgué un hombre justo pero peligroso, ese andar de acá para allá sin otro plan que el propio camino, las piedras en las sandalias y las liendres en nuestras cabezas, bien sabes, Felipe,  que intentó la broma de ahogarme en un brazo del Jordán, y luego su sonrisa lechosa y limpia, su lengua y sus dientes diciéndome que todo era un bautizo, bien sabes, Andrés, hermano, que no quise acompañarlo, como vosotros, a las montañas de Judea, porque aquel viento inhumano nos arañaba los ojos, nos tumbaba como a sacos de semilla, y él que seguía caminando, hundiéndose en la arena hasta coronar la loma y hablarnos desde allí, con ese chorro de voz balsámica, como un ungüento de flores y aceite de linaza, mientras los demás intentábamos solo no caer, únicamente no caer, bien sabes, Juan, que lo evité en la cena, que hasta el último momento quise excusarme con la celebración de mis hermanas de Betsaida, que anduve disperso toda la mañana, entretenido en redes que no tenían defecto alguno, conversando como nunca con Santiago y Saulo sobre barcas y aparejos que nunca utilizaríamos, que yo nunca quise sentarme entre vosotros, pero acabé untando esta noche sus pies de la mejor esencia, pero terminé por abrazarlo todo cuanto pude en esta noche, pero me apliqué por escucharle esta noche como jamás lo había escuchado, haciendo de cada palabra suya un pez que se cebase de mi corazón, bien sabes, Simón, que no quería acompañarlo a este huerto apartado, que siempre me pareció triste, lúgubre como una vieja cananea, lleno de hojas y de ramas como velos negros, de tocones de olivo como muertos rugosos, de hierba como araña de nicho y de tumba, bien sabéis, Santiago, Juan, que el vino nos ha traído, como su último milagro, el sosiego y el sueño entra tanta inquietud y tanto miedo por su vida, que yo no quiero ni dormir ni negarlo, pero que las lechuzas y los mirlos de este jardín, que por vez primera me lo parece, me llegan con el mismo murmullo de mi madre, mientras me cantaba entre la brea y el calafate…

© félix molina, 2022. Las ilustraciones son de Goya y un detalle de Luis de Morales.