Dos años | Mucha literatura

En la cómoda había una puerta, y detrás de ella estaban los tomos. Siempre ese tamaño de cuarto menor, entre humilde y práctico. Debo a mi padre el tenerlos todos ahí reunidos, en orden, hablándome de días, de meses y de años que antecedían al de mi nacimiento. Ahí –no en las lujosas ediciones que con mi sueldo adquirí después– leí por vez primera a Borges, a Bioy, a Sabato, a Eco… El nombre de la publicación era por entonces impronunciable. Luego lo supe pronunciar, pero tardé en entender que aludía a una antología servida al lector urgente, al que tiene que leer algo ya y no sabe qué.

Con los años me aparté de ese tipo de lector, porque la lectura ya era un hábito más de vida, o casi como un acto asido a la vida misma, otra forma de la respiración. Pero visitaba la casa de mis padres –nuestra casa– y volvía a los tomitos, con su cursiva inglesa y su ración de proverbios, de chistes, de epigramas… y así, como escondido, el cuentazo de turno: Rulfo, Cortázar… suma y sigue.

Más tiempo ha pasado aún y, hace justo ayer dos años, doy con un enlace de Juan Re Crivello, mi amigo argentino (¿argentino o del mundo?) de Vilanova i la Geltrú. Vilanova tiene esa magia: uno puede ser amigo de sus residentes sin siquiera haberlos conocido, y eso me ocurrió con Juan, después de haberlo admirado por su blog Barcelona, un prodigio.

Accedí al enlace y lo hice desde entonces a un universo donde un centenar largo de escritores de todo el mundo (Rumania, Brasil, Italia, Estados Unidos…) hacían suyo un verbo: masticar. Personas que habían hecho también de la lectura y la escritura su respiración más querida, y que no necesitaban de largas reuniones, bizcochitos de cortesía o correos kilométricos para ver publicadas sus inquietudes. La literatura debe ser excelsa, pero ante todo debe ser.

Hoy vengo a agradecerte, Juan, ese milagro cada vez menos callado que son los Masticadores. Y a agradecerte también que, como mi padre, abrieras la cómoda de la inquietud a muchas y muchos, haciendo de tus Masticadores un Reader’s Digest de nuestras horas.

Nota inexcusable: se puede uno dar una buena vuelta por los diferentes Masticadores, cada uno con su editor o editora y su estilo, justo aquí:

Masticadores – Libres, digitales, inconformistas