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Wystan Hugh Auden | febrero, sus poemas

Auden siempre me pareció el poeta sin amor. Y luego fue pareciéndome, a base del enjambre de dolorosa práctica y mordedura de lengua que es toda (buena) poesía, el poeta sin odio. Esto lo descubrí merodeando por el  Musée des Beaux Arts, de la mano también de W. C. Williams, y esa forma curiosa de alejarse del dolor mediante su pintura que el maestro Brueghel les inoculara —y que después viniera yo a redescubrir en el maestro José Hierro y su Réquiem—.

Su desazón crónica estalla en un poemita que una comedia gansa (esta película) hizo famoso, y que convierte el alejamiento de lo que se ama en un simulacro de la desaparición, de la muerte. Es, como tantos poemas de Auden, denso y amargo en su sencillez (la traducción es propia, y algo de eso intenta reproducir en su libertad), a pesar de que en ese mundo suyo, tan ácido, siempre se respire una brisilla de ironía.

 

UN BLUES FUNERAL

Que paren los relojes, descolgad los teléfonos.
Utilizad un hueso para que no ladren los perros.
Silenciad los pianos, que tambores silentes
traigan el ataúd. Que vengan los que lloran.

Dejad que los aviones remuevan en el cielo,
inquietos, el único mensaje: SÍ. ÉL HA MUERTO.
Tenga negro crespón la pública blancura de las aves.
Tengan guantes muy negros los oficiales, los sargentos…

Era mi Sur, mi Norte, era todos mis puntos cardinales,
la mañana del tajo, el sábado de fiesta,
mi alba, mi crepúsculo, mi canción, mi silencio…
Pensaba que su amor me duraría una vida. Y terminó.

No quiero más estrellas: extinguidlas.
Empaquetad la luna y ensombreced el sol.
Derramad los océanos, quemad todos los bosques.
Porque ya nada más –jamás– podrá ser bueno.

 

 

FUNERAL BLUES Stop all the clocks, cut off the telephone, / Prevent the dog from barking with a juicy bone, / Silence the pianos and with muffled drum / Bring out the coffin, let the mourners come. // Let aeroplanes circle moaning overhead / Scribbling on the sky the message He is Dead, / Put crêpe bows round the white necks of the public doves, / Let the traffic policemen wear black cotton gloves. // He was my North, my South, my East and West, / My working week and my Sunday rest, / My noon, my midnight, my talk, my song; / I thought that love would last for ever: I was wrong. // The stars are not wanted now: put out every one; / Pack up the moon and dismantle the sun; / Pour away the ocean and sweep up the wood; /For nothing now can ever come to any good.

 

W. H. Auden nació hace hoy 113 años, para ya no morir en sus versos. No existe (que yo conozca) una traducción de la obra poética completa de Auden en lengua española, pero sí algunas parciales, bien traducidas por Eduardo Iriarte y Margarita Ardanaz. Por aquí coloco un trocito.
La lengua de Auden no es compleja (al menos usa un léxico siempre accesible, aunque lo llene de polisemia), por eso quizá no sea mala idea que hurguéis en alguna edición inglesa de los Collected Poems. Se disfrutan.