Jan Fabre | ESTIGMAS – Acciones y performances 1976–2017, CAAC

Cuando tengáis alguna duda (ética, existencial, vital), cuando os lleguéis a plantear si de verdad puede haber millones de personas en el mundo –y no me refiero a operarios– que hagan su trabajo sin el mínimo pestañeo de la inquietud, sin la zozobra de la determinación, podría ser de alguna utilidad dirigir la mirada al artista. De este Jan Fabre, por ejemplo, se tienen opiniones muy dispares, dentro y fuera del mundo del arte, pero difícilmente la sospecha de algo que no haya sido tamizado por su temperamento.

Fabre comienza de manera protestataria, tal un Rimbaud un poco más norteño (nace en Amberes, en 1958), vagante, quemando dinero, pintarrajeando todos los objetos con los que se encierra en su Bic-Art Room (1980), por apurar el juego de palabras con el Big Art. Tiene ya ese punto leonardesco de artista total, casi de inventor, que diseccionó con su trazo animales en la infancia y después le lleva a convertirse casi en entomólogo de la expresividad. Inicia también su singladura de performances (en las que llega a convertirse en una referencia mundial) y de un teatro que nace del propio impulso casi físico, arrollador, del performer, con toques dadaístas y arrabalescos (alguna de sus obras más recientes, como Monte Olimpo, de 2015, con 24 horas de duración, exigen un esfuerzo análogo al espectador).

Pero, como sucede con la típica frase que define al asesino en serie en muchas buenas (y malas) películas del género, a Fabre termina gustándole lo que hace. Y lo mejor es que nos trasmite ese gusto. Su más reciente exposición, en el CAAC de Sevilla, nos demuestra que toda protesta también puede ser estética, en su sentido más convencional –si queréis académico–, sin renunciar a su fuerza expresiva, al color arrebatado de su detonación.

La muestra comienza con su etapa de bolígrafo, y el acierto de ubicar en un espacio independiente un simulacro de lo que pudo ser aquella habitación de su Bic-Art de principios de los 80. Después sigue con maniquís de sus más sonadas performances, en una disposición también muy acertada, propia de un museo entomológico, y se proyecta de hecho, en el Refectorio del Monasterio-Museo, Doctor Fabre Will Cure You (2013), la película de Pierre Coulibeuf donde se recopilan varias de estas piezas, como la de su paseo por una pinacoteca partiéndose la nariz contra los cuadros o incendiándose la ropa colmada de billetes.

Arriba: Ilad del arte Bic (1981)
Abajo: Rea(dy)-make de la performance del dinero (1980)

 

Es en este ámbito donde descubrimos al Fabre que se recrea con su propio ilusionismo, el que repara en las púas pero también en las lentejuelas del destaparse, en lo bello y armónico del alarido o la estridencia (como en las mejores secuencias de un Luciano Berio), y así su pieza Yo, soñando (1979) se impregna, aun con la agresividad de su propuesta, de esa contemplación casi nostálgica que hace una isla de su ubicación en el espacio expositivo.

 

Yo, soñando (1978), y un detalle (derecha)

 

Así es como se llega al Fabre diseccionador y sarcástico, al que se ríe de sí mismo y de todo y de todos, representado por su serie sobre el cerebro (2007), o por autorretratos como Soy un error (2017).

                              

¿Es el cerebro la parte más sexi del cuerpo? (2007) y Soy un error (2017)

 

Además de felicitar al comisario de la muestra (Germano Celant) y al CAAC por su elegancia en la ubicación (a pesar de hacernos trabajar con la guía o plano de mano, lo cual tampoco está mal del todo, dada la frecuente pasividad que a veces nos azota), la exposición es casi exhaustiva en mostrarnos al Fabre multidisciplinar y polígrafo, con un interesante aparte para reposar un poco (irónica y paradójicamente) con la lectura de sus Diarios nocturnos o la película referida de Coulibeuf.

El arte es también muchas veces un sembrado de paradojas y, paseando por los lugares y los hechos de la vida de artista elegida por Jan Fabre, llego si no al convencimiento a la mínima luz de que sí, en efecto, a pesar de todo (o precisamente por eso), a este hombre le gusta lo que hace.

 

Nota casi comisariada:
La propia web del CAAC reúne muy adecuadamente materiales de la exposición, como una conversación del artista con el propio comisario de la muestra, Germano Celant, la monumental (en todos los sentidos) Guía de mano que también se proporciona a la entrada, citas entresacadas de los Diarios nocturnos o un clip de la película de Pierre Coulibeuf.

 

ESTIGMAS – Acciones y performances 1976–2017, CAAC, Sevilla

 

El programa Al sur emitió hará un mes este reportaje sobre Estigmas, con intervenciones del propio artista, que estuvo presente en su inauguración:

 

 

La exposición puede visitarse hasta el próximo 2 de septiembre.
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