Calendario fm|al 2021

György Ligeti | compositor

Hay compositores cuya música me gustó desde pequeño, pero que no pude escuchar sin miedo hasta más mayor. Me pasaba como cuando en los pasillos agigantados por la memoria de la infancia no podía despegarme de las faldas de mi madre si escuchaba el introito rotundamente acongojante (cambiad vosotros de orden las letras y quitad la consonante que sobre) de Carmelo Bernaola que se buscó el inmenso Balbín para La Clave (luego, por cierto, ya con uso de razón, lo que me da auténtico miedo es la distancia sideral entre la televisión que hacía José Luis y lo de ahora. Y soy lector del Ulysses y de Fernández Mallo, aviso, más que de la novela victoriana. No, no soy nostálgico).

La música de Ligeti (1923-2006) era de ese tono. Daba igual que el hombre imitase una piececita dieciochesca con todo su corazón. Una delicia como esta:

ya te está produciendo tal sedimentación abdominal que difícilmente puedes escapar a agarrarte a algo (ya las faldas maternas no están) cuando la escuchas. Por algo la escogió Kubrick para su última alucinación, esa pieza postromántica que es Eyes Wide Shut.

La cosa va a más con obras como la famosa Lux Aeterna:

donde ya nos metemos en la mismísima boca del lobo del horror. Yo esta música –una obra maestra de la música coral, por otra parte–, directamente, no la escucho cuando voy a dormir. Si quiero dormir.

Esta congoja musical surge –dicen los teóricos– de la cojera (por visualizarlo) a que nos conduce el cambiar nuestro sistema tonal de toda la vida (incluso el de la música que se consume ahora) por uno que prescinde de la tonalidad. Eso tan difícil de imaginarnos qué es o cómo será la otra dimensión para un músico supongo que es lo más sencillo del mundo: le basta con escuchar el concierto veinte para piano de Mozart y luego esta otra hermosura:

Si a algo ha servido este bosque umbroso que teje Ligeti con sus composiciones es precisamente a la comprensión de buena parte de la música que los compositores de conservatorio han venido haciendo desde los años cuarenta del siglo pasado. Que no es un sindiós si alcanzamos a comprender que, más bien, su dios es otro.

Nota culposa: con esta entrada me desquito del retraso que llevaba con el Calendario. La siguiente de esta sección (tras otras intermedias, para dar variedad), sobre L. M. Panero, ya casa (más o menos…) con la cronología. Disculpad, pero me ha pasado tanto en estos meses… y no todo malo.