Contra todo pronóstico, pero también con toda la seguridad del mundo, este año se celebró la edición número diecisiete del Festival de Cine de Sevilla (yo todavía tengo la nostalgia de llamarlo SEFF, en inglés y con lo de europeo incorporado). Esta de por sí es película lo suficientemente épica para contarla en un par de horas, incorporando escenas y planos con los taquilleros, tomadores de temperatura (hay que sacar ya una palabra para esto), dispensadores de gel, técnicos informáticos (en el soporte online del Festival) o el resto al completo de la organización implicada en sacar adelante el conocimiento sevillano (esta vez sí, y casi exclusivamente, por desgracia) de un centenar y pico de producciones. Pero como ya nos vamos acostumbrando a estas hombradas y mujeradas, mejor será hablar de cine. Después de agradecerles y felicitarles por todo, y antes que nada, claro.

Entre lo que visionamos (siempre me acompañó Ofelia, mi luz sobre todo) estuvo Un gato en la pared (subtítulo más afortunado de Pequeños milagros en Peckham St.), de Mina MilevaVesela Kazakova, una de esas películas que tiran del hilito de la anécdota hasta enredarnos en la madeja de nuestras contradicciones. Lo de menos, por supuesto, acaba siendo el gato, y hasta la pared. Lo que queda es la crítica de la mal avenida comunidad de vecinos que somos –a estas alturas– los europeos. Me trajo el recuerdo de las primeras cintas que se seleccionaron allá hace tres lustros en el SEFF, cuando el contenido europeo era más visible en lo seleccionado (lo cual era lógico para que el Festival se distinguiera de otra oferta festivalera). Metraje suficiente para darle al coco después de visionarla, a falta de otra sustancia más cinematográfica, aunque el personaje infantil lo hace muy bien. Y el gato.

De Europa también hablaba Echo, de Rúnar Rúnarsson, algo más que un ‘bonito retrato de Islandia durante la Navidad’ (así se presenta esta película en sus avances en España) de este este discípulo islandés que le ha salido a Roy Andersson . Comparativamente con Roy le falta esa chispa de humor que al sueco de Sobre lo infinito le sobra hasta para mezclarlo con un poquito de bilis. Por el contrario, y en casi toda la película, hay algo más de buenas intenciones en la microdescripción de personajes de las decenas de cuadritos islandeses que componen este fresco. Pero no os confiéis: es un soberbio anuncio contra el bullying (si tenéis ocasión de ver Echo) el de las dos chicas en la parada del autobús. Impresionan visualmente la mayoría de los fragmentos, y eso que el paisaje exterior no es, como digo, lo más interesante de esta película, densa a pesar de su levedad.

Y llegamos a una creación que se nos destacó por encima de todas. El profesor de persa  (me gusta más el título original, algo así como Lecciones de persa), de Vadim Perelman. Los referentes en este caso son, acaso, El pianista  o La vida es bella  (que ya es tocar cielo). Y desmerece mucho si se la compara con estas recreaciones europeas del horror nazi, pero si se la ve como una película destinada a cantar una de las glorias de la Humanidad (la lengua) puede quizá uno disfrutarla más. Al trasluz de sus hermanas mayores, le beneficia una mayor riqueza por parte de los oficiales genocidas (el capitán y cocinero Koch, en el fondo no menos mentiroso que su farsante profesor de farsí, es de una complejidad casi abismal), e incluso de una tropa y compañeros de stalag bastante morbosos, frente a la caricatura del desarrapado furriel que concedía a sus esclavos que se alimentasen del estraperlo de patatas en El pianista o el coro casi operístico de compañeros de desgracias en lo de Benigni. No os perdáis, si la veis (esta seguro que se estrena por acá) la delicatessen del antefinal con pasaporte francés, una obra maestra del zasca (que se dice ahora) o, mejor, una auténtica patada en la entrepierna al sobradismo.

Abajo podréis encontrar el palmarés del Festival, donde a mi juicio sobran algunas películas y, me repito, falta –sin duda por modestia– la gran película de este año 2020: su organización.

Nota retrospectiva y tráiler:

He aquí el mentado palmarés del 17º Festival de Sevilla:

http://festivalcinesevilla.eu/palmares

Esta entrada lleva el numeral romano I porque habrá una con el II consistente en mi visionado de películas que son exclusivamente online, a causa de la consabida desgracia que atravesamos. Me refiero al Festival de Huelva (este año relegado a internet: https://festicinehuelva.com) o a Márgenes (que siempre circuló en la Red: https://www.margenes.org), entre otros, de los que tendréis alguna noticia por aquí. De momento, estamos visionando.

Por cierto que el Festival de Sevilla contó también con una importante sección online en Filmin, donde pudimos deleitarnos nuevamente con la insuperable y libertaria Aves de paso  o la indescriptible Anna’s War , cuyos alquileres en el hospitalario Filmin recomiendo, por si alguien no las ha visto todavía.