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dollarmurdererFélix Molina regresa cada diez días, con su Poe no ha Muerto -j re crivello

El asesino de la moneda de dólar grababa un número por cada una de sus víctimas, a cada uno de los costados de las hojas de laurel de la cruz. Así fue llenando de monedas grabadas toda la Costa Este. Los marineros pagaban sus pintas de cerveza con la marca del asesino y los encargados de intendencia o los fámulos miraban el brillo de la marca antes de entregar la moneda para compensar unas cuantas libras de cecina o un saco de patatas.

El crimen fue así venteándose, impune y aceptado por los pagadores, desembocando incluso en propinas o en limosnas de iglesia, por mucho que se persignasen quienes recibían en la mano el metal arañado con el número (3, 7,12…) o quienes transmitían la marca en un pago con sus monedas…

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