Continuamos hasta final de año la secuencia de publicaciones en Masticadores LAB sobre poetas ignorados, en trance de serlo o… inexistentes. En este caso hablamos de un recurso más antiguo que el hilo negro, pero que Fernando Pessoa utilizó con gran ingenio para su subsistencia poética: inventarse una vida. El original puede husmearse aquí:

Se llamaba… Álvaro de Campos

MasticadoresLAB | Poetas (ellos y ellas) ocultos, en trance de olvido… o inexistentes

Se llamaba… Álvaro de Campos

Hoy vamos a hablar de un poeta que no existe: Álvaro de Campos…

–Y qué, ¿nos lo va a decir así, a las primeras de cambio, sin que nosotros nos las ingeniemos para descubrirlo?

Ustedes ingenien lo que quieran, pero a este poeta se lo sacó de la manga Fernando Pessoa. Así que su biografía es la de un poeta dentro de otro poeta. Como lo de las muñequitas pintadas pero con versos, iluminaciones y alguna que otra frustración.

El hombre –el que hay detrás del poeta– nació un 13 o un 15 de octubre de 1890 en Tavira, muy al sur de Portugal. Era ingeniero naval y extrañamente monárquico. Original hasta para recordar su cumpleaños, como en Aniversário:

No tempo em que festejavam o dia dos meus anos,
Eu era feliz e ninguém estava morto.
Na casa antiga, até eu fazer anos era uma tradição de há séculos,
E a alegria de todos, e a minha, estava certa com uma religião qualquer.

No tempo em que festejavam o dia dos meus anos,
Eu tinha a grande saúde de não perceber coisa nenhuma…

Cuando celebraban mi cumpleaños
yo era feliz y nadie había muerto.
La mía era una casa muy antigua, y hasta cumplir los años era una tradición de siglos,
y la alegría de todos, la mía incluso, tenía la dicha de cualquier religión.

Cuando celebraban mi cumpleaños,
yo era tan sano que no sabía nada…

Es el poeta más moderno de los nacidos por Pessoa, el hombre de ahora mismo, atrapado en el vértigo del presente y del futuro, como canta en Bicarbonato de soda:

Súbita, uma angústia…
Ah que angústia, que náusea do estômago à alma!
Que amigos que tenho tido!
Que vazias de tudo as cidades que tenho percorrido!
Que esterco metafísico os meus propósitos todos!

Qué angustia repentina,
¡Qué ansiedad, qué náuseas del estómago al alma!
¡Qué amigos he tenido!
¡Qué vacías de todo las ciudades por las que pasé!
¡Qué mierda metafísica son todos mis propósitos!

Es en todo caso el poeta de Pessoa que habla con más sentido al hombre y a la mujer que lo leen ahora, desde su escepticismo visceral, desde su descreimiento, simbolizado en los callos que se come fríos sin quererlo en Dobrada à moda do Oporto:

Um dia, num restaurante, fora do espaço e do tempo,
Serviram-me o amor como dobrada fria.
Disse delicadamente ao missionário da cozinha
Que a preferia quente,
Que a dobrada (e era à moda do Porto) nunca se come fria.

Un día, en un restaurante fuera del espacio y del tiempo,
me sirvieron el amor como unos callos fríos.
Y yo le dije muy delicadamente al metre
que los quería calientes,
que los callos (incluso al estilo de Oporto) nunca se comen fríos.

Muere –con polémica , por supuesto– en torno al 30 de noviembre de 1935, de una muerte (por esta vez) indolora, albergada en la madera confortable de la de Pessoa, la muñeca mayor, a salvo de cualquier aguacero. Pero antes nos deja este saludo que yo quiero dedicar a toda la clase, con la esperanza de que no sean ustedes rencorosos.

Saudação a todos quantos querem ser felizes:
Saúde e estupidez!
Isto de ter nervos
Ou de ter inteligência
Ou até de julgar que se tem uma coisa ou outra
Há-de acabar um dia…

Saludos a todos los que quieran ser felices:
¡salud y estupidez!
Esto de tener nervios,
o tener inteligencia,
o incluso de juzgar que tienes una cosa u otra
terminará algún día …

Notas del cuaderno del profesor:

Visor sacó hace unos años una excelente versión de este poeta en el Libro de versos de Álvaro de Campos, traducido y editado por Manuel Moya.

Existe un archivo completo de los poemas de Álvaro de Campos. Y está aquí: http://arquivopessoa.net/textos

Las traducciones, por cualquier cosa, son mías…