No suele fm|al (cerca ya de las 500 entradas) utilizar el reblogueo, por cuestiones estéticas (le queda trabajar a WordPress en esto…), pero ante esta reseña del compañero Rafalé Guadalmedina y el abrazo que supone poco puede hacerse que no sea compartirla y, sobre todo, haceros saber del privilegio que es contar con un blog como el suyo, que se invita solo a su lectura. ¡Gracias siempre, Rafalé!

RESEÑAS

Poe no ha muerto — Félix Molina

Rafalé Guadalmedina

En contadas ocasiones las redes sociales se erigen en un instrumento útil para un tipo con ínfulas de escritor. En la mayoría de veces son una mera pérdida de tiempo, la forma de preservar una reputación inventada o interactuar frenéticamente bajo dudosos intereses. Cualquiera que analice el rendimiento respecto al tiempo invertido se dará cuenta que éste describe una función que apunta de forma violenta hacia la nada. Para los autores apátridas, las redes sociales se han convertido en las nuevas tertulias y cafés de escritores, donde conversar acerca de literatura, difundir las nuevas —sean buenas o malas­— y agasajar al que huela a editorial o a certamen literario. La única diferencia es que la lechuguilla y el capote han sido sustituidos por el pijama o la semidesnudez, y la barra del tugurio por la barra espaciadora. No obstante, hay honradas y celebradas excepciones. Por uno de esos medios conocí a Félix Molina, con el cual compartí impresiones a cuenta de sus trabajos, y recientemente me acerqué a su novela Poe no ha muerto, un recorrido genuino e imponente.

Una de nuestras primeras interacciones fue acerca de Raymond Carver y su célebre Catedral. De hecho, Félix me envió un relato suyo donde había dado vida al escritor de Oregón. En poco tiempo, descubrí mediante su blog que éste es un tipo de texto frecuente, en los que escritores célebres se convierten en personajes de sus historias. Estos relatos reciben el nombre de troquelaciones y conforman un extenso y activo muestrario con intervenciones, además de Carver, de ChejóvMary ShellyW. C. Williams o Francis Scott. Aparte de atisbar un extraordinario gusto y una lectura interiorizada, pude percibir en esta serie una escritura precisa y la tendencia a construir frases con ritmo, probablemente evocador de una faceta más poética.

Precisamente, estos elementos son los cimientos para Poe no ha muerto. Dicho libro revive de forma literaria y metafórica a una suerte de Edgar Allan Poe, quien ha sido secuestrado por el ingeniero Alexander London para que éste vuelva a escribir sus inquietantes y lúgubres historias. De esta forma, Félix Molina intercala la narración de la supuesta resurrección de Poe y una serie de relatos cortos escritos por su protagonista. El estilo de ambas narraciones es tan sólido que tardé varias páginas en darme cuenta del paralelismo trazado entre ambas narrativas. Gracias a la ayuda de dos de sus personajes, Valdemar, guardián de su cautiverio, y una mujer parecida a Marie Rogêt, Poe trata de escapar del sótano de London.

El estilo narrativo de Poe no ha muerto tiene una personalidad desbordante, mediante el empleo de un lenguaje elaborado y a la vez con una sonoridad casi hipnótica. Las descripciones de los ambientes es otro de los aspectos más destacados, lo que consigue que el lector sea capaz de viajar a Baltimore, a Londres o a los rincones del genio del ficticio Poe. Algo me huele, porque he de confesar que no lo he leído apenas y prefiero sucumbir a la ignorancia que a la presunción, que Félix Molina se acerca a la literatura del verdadero escritor de Baltimore.

Por si fuera poco, la edición y maquetación de Poe no ha muerto es una verdadera virguería. Los textos vienen aparejados a una serie de ilustraciones, mientras que los relatos alternados tienen un formato diferenciado a dos columnas. Hasta el diseño de la contratapa ha sido premeditado para encerrar un mundo de misterio. De esta forma, el escritor sevillano propone un viaje al delgado filo entre la realidad y la ficción que acaricia el uso de la palabra escrita.

La lectura de Poe no ha muerto me había sugerido continuar con algún relato del Poe real. No obstante, tenía abierta una pestaña de mis redes sociales y otro autor apátrida me ha invitado a dar un viaje a su novela. Leeremos, el listón está muy alto.