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Georg Trakl, poeta | n. 3 de febrero de 1887

Georg Trakl, el poeta que también fue farmacéutico en una Europa enferma (o que ya comenzaba a dar signos de su enfermedad), forma parte de esa nómina de creadores cuya inopinada forja fue la guerra. Como ocurre con el escultor vorticista Henri Gaudier-Brzeska  o el también poeta Wilfred Owen , hay un surco en su vida trazado por las balas y la metralla de las minas, o la ponzoña del gas; a diferencia de ellos, Trakl sobrevive a la primera gran matanza institucionalizada europea y la conjunción del horror sufrido con la oferta de su negocio farmacéutico, metafóricamente llamado “El ángel blanco” (para sugerir una legal cocaína) le depara un infierno particular, a ratos paraíso, que el creador decide transformar en una obra poética radicalmente original, apartada de todo y de todos.

La cocaína, sin embargo, es solo un accidente en una obra cebada por la experiencia vital, pero tamizada por una sensibilidad rigurosa, decantada, modelada en Hölderlin y el simbolismo francés más destellante. De Rimbaud escoge la iluminación, la sinestesia, la metáfora de segundo grado; pero Trakl todo lo orienta a embellecer el sembrado de la ruina, de la desolación, de lo que no deja de cesar: a Rimbaud el camino pedregoso le sugiere también el oasis jovial de las tostadas y la cerveza en las tabernas que se suceden,

Du jambón rose et blanc parfumé d’une gousse

D’ail,—et m’emplit la chope immense, avec sa mousse

Que dorait un rayón de soleil arriéré.

[De Au Cabaret Vert]

(De jamón blanco y rosa perfumado con ajo, / —y me llenó la jarra con la espuma dorada / por un rayo de sol que la tarde ha tronchado.)

Trakl lo ve directamente todo transustanciado a su liturgia de muerte, como en el bello cuadro tenebrista de Nachts, que ofrecíamos como flor, o como en la capilla fluvial que le prepara a un amigo difunto de la infancia en estos versos, que recuerdan a aquel durmiente del valle rimbaudiano, el joven soldado invadido por la paz de la muerte:

Goldene Wolke und Zeit. In einsamer Kammer
Lädst du öfter den Toten zu Gast,
Wandelst in trautem Gespräch unter Ulmen den grünen Fluß hinab.

[De An einen Frühverstorbenen]

(Nube de oro y tiempo. En solitaria cámara / alojas a menudo al muerto, / y caminas junto al cauce verdecido / en silenciosa conversación,/ bajo los olmos.)

Después de tanto previsualizarla, sobre en todo en su labor como enfermero de la primera “gran” guerra, Trakl parece que acabó acostumbrado a la muerte y la depresión lo minó hasta desembocar en la sobredosis que acaba con él en la apacible Cracovia (el poema de Los malditos poetas reproducido en la flor anterior recuerda esa circunstancia). Quedan sus versos, donde, como zumo de una extraña uva, se destila una belleza atemporal, clásica a pesar de la violencia que impone todo final:

 

Lebensalter

Geistiger leuchten die wilden

Rosen am Gartenzaun;

O stille Seele!

 

Im kühlen Weinlaub weidet

Die kristallne Sonne;

O heilige Reinheit!

 

Es reicht ein Greis mit edlen

Händen gereifte Früchte.

O Blick der Liebe!

 

 

Edad

Divino esplendor del bosque,

las rosas en la cerca del jardín:

¡oh, alma callada!

 

 En el frescor del vino se vierte

el sol de cristal.

¡Oh, santa pureza!

 

Basta un anciano con nobles

manos de fruta madura.

¡Oh, mirada de amor!

 

Nota, o algo así:

 

El cuadro de arriba, como el de más abajo, es del joven pintor Jakob Kirchmay,  y se encuentra en la Galerie Ernst Hilger, supongo que neo-expresionista. Este último recoge un verso conocido de Trakl, que da título a toda la exposición, hasta hace poco visitable.

 

Existen muchas antologías y versiones de Trakl a muy diversos idiomas, todas las que amablemente la cuenta de Twitter Georg Trakl @Trakl100 nos invita diariamente a inspeccionar, pero entre las publicadas en lengua española me quedo con el tomito del material de lectura de la UNAM:

 

Georg Trakl, Material de Lectura, nº 187, UNAM

 

En cuanto a su interpretación, me parece muy oportuna esta entrada de archivo de la revista Poesía, que incluye además una buena traducción del poema (anti)bélico “Grodek”.

 

Ricardo Silva-Santisteban, Georg Trakl, muerte y poesía, en “Poesía

 

No encuentro un parecido o influencia en la poesía en lengua española de Georg Trakl, poeta que ha fluido muy secretamente por la península. Pero en la excelente poesía de José Luis Hidalgo, hermosa y clara a pesar de su insistencia en la muerte y los muertos, me parece hallar un eco que cada vez me gusta alimentar más (ignoro si este poeta y pintor cántabro pudo leer a Trakl):

 

Biblioteca Virtual Cervantes, Gonzalo Sobejano: José Luis Hidalgo, poeta de los muertos

 

También me aproximo a Trakl desde la poesía española con la alucinada claridad de un Alfonso Costafreda (aunque aquí la idea del suicidio creo que puede más que la afinidad temática y/o estilística con el poeta austriaco, del que era lector):

 

OTRAS NOCHES
A Maj-Britt

 

Estas noches de lluvia las oigo en los cristales,
estas noches de viento y no puedo moverme.

 

A la puerta del miedo vigila el celador,
prisionero infantil, no se desencadene.

 

Otras noches de lluvia profunda en los cristales,
otras noches de viento y vuelvo a interrogar.

 

Porque todo era inútil he cambiado de dueño,
a la puerta del sueño, dama de claridad.

 

La analogía con otros poetas en lengua alemana sí es más contundente, como esta comparación con Paul Celan (también suicida) que explora Octavio Victoria en esta conferencia: