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Alejandra Pizarnik, poeta | n. 29 de abril de 1936

Se suman más de cuatro décadas de tu muerte, Alejandra, y sigues siendo un misterio. Uno con paredes de musgo y alas de césped. Con el mismo deseo de batirse que de cesar. Con la contradicción como velorio alegre de versos amordazados y a la vez frescos como violetas mojadas. Poco sabemos de ti, Alejandra, salvo lo que nunca terminas de decirnos. A veces quieres decirnos Algo:

noche que te vas
dame la mano
obra de ángel bullente
los días se suicidan
¿por qué?
noche que te vas
buenas noches

y terminas diciéndonos Nada:

El viento muere en mi herida.
La noche mendiga mi sangre.

Te engarzas con Rimbaud, con Trakl, con los surrealistas, hasta con Janis Joplin, hijos de la misma simiente, de la soledad pareja en búsquedas de una Emily Dickinson:

Del otro lado de la noche
la espera su nombre,
su subrepticio anhelo de vivir,
¡del otro lado de la noche!
Algo llora en el aire,
los sonidos diseñan el alba.
Ella piensa en la eternidad.

Incluso te carcajeas con Chopin como si fueras un pianista de cuatro años que domeñara un nocturno:

Su música me lleva a un acantilado con un pájaro
que juega a oírse cantar.
Su música me alumbra en la lluvia
por donde vamos yo y una jaula vacía.

Para luego volver a lo rotundo, a lo inmenso, a lo definitivo y Azul:

mis manos crecían con música
detrás de las flores
pero ahora
por qué te busco, noche,
por qué duermo con tus muertos

Y acabarte –o nacer–, después de tanto Diario, de tanta comezón de Prosa , incluso de algo de relato  y de teatro , como una hermosa tautología, en ti mismo, en Sólo un nombre:

alejandra alejandra
debajo estoy yo
alejandra

 

Nota compleja

 

El cuadro (El ojo verde, 1944) es de Chagall, una de las debilidades de la poeta.

 

Existe una única grabación de lo que fue la voz de Alejandra Pizarnik, aquí algo oscurecida con la música, bella pese a todo, de Zbigniew Preisner:

 

 

Uno de los poemitas de la suite que concluye Los malditos poetas le rinde este homenaje:

 

Alejandra, tú siempre
alejándote,
fiel a la piedra
y al viento,
a la disposición
cursiva
de las estrellas,
a la flecha abisal
dormida
entre los peces.

 

Por qué el veneno
y a la vez la paz
en todo lo que brota,
por qué lo oscuro
y a la vez el paisaje
en todo lo que no has dejado
de cantar.

 

Alejandra, tú siempre,
alejándote.

 

(c) de los textos en el cuerpo de la entrada, Alejandra Pizarnik, Poesía completa. Del texto en la nota, félix molina, Los malditos poetas, 2018.

 

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