Mis relatos favoritos

El hombre butaca | Ranpo Edogawa, 1926

Dice Ko Tazawa, el antólogo, prologuista y uno de los traductores (el otro es Ricardo Rei) del tomito donde leí este cuento, que en un estricto y japonés orden, este maestro sería Edogawa Ranpo. Y relajando mucho la pronunciación acabaría siendo algo como Edgar-Alán-Po, que nos recuerda a ese otro maestro fallecido en Baltimore a quien tanto le debo. Yo a ese espíritu sumaría, al menos, el de Roberto Arlt o el de alguien de por acá como Pedro Antonio de Alarcón. O un Gaston Leroux. O un E. T. A. Hoffmann, por ejemplo. Cualquier escritor que sume a un ingenio destellante el humor necesario para enhebrar una historia casi costumbrista con la fantasía más exquisita.

El cuento no llega a las dieciocho páginas, y trata de un señor que fabrica sillones y que se acopla en el interior de una bella butaca japonesa para ya ser uno con cada cual que la ocupe. Con esto no hago avance ni cosa parecida, porque el autor ya en el propio título se encarga de aventarlo. La belleza está, como siempre que hablamos de Oriente, en el detalle.

Edogawa se encarga de hacernos verosímil un relato que cobra su magia precisamente de ese intento de verosimilitud. Los engranajes del sillón y el procedimiento para acercarse a sus acomodados son piezas narrativas maestras de una fantasía desaforada. No lo es menos el artificio epistolar de que se vale para cedernos el cuento.

Maestría oriental que es la espita para visiones como la que proponen estas frases: En este mundo de dentro de la butaca, tal criterio queda completamente fuera de consideración. Existe simplemente el cuerpo explícito, el timbre de la voz y el olor.

Ante tal manifiesto de la sensualidad, solo nos queda acompañar al narrador butaca por su itinerario, con tintes casi picarescos. Es difícil que en docena y pico de páginas quepan tantos hallazgos. De la romántica resolución de la trama sí que no voy a hablar, pues privaría de la más cómoda de las butacas al lector o lectora. Me quedo solo con las ganas del descubrimiento de las muchas novelas policíacas de este Edgar Allan Poe japonés. Y el ruego —claro— de que sean traducidas.

Nota cómoda:

El cuento lo leí en este volumen de Lapislàtzuli (www.lapislatzuli.com), colección ITSAS, acompañado de otras cinco piezas maestras. Un alma samaritana colocó este clip de vídeo en YouTube, con la narración dulcemente leída.

Sobre sillones y fantasía, hace algún tiempo leí esto de Gaston Leroux, en la original editorial cordobesa El olivo azul:

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