Dos poemas, dos miradas | Museo de bellas artes

Pues le estoy cogiendo el gusto a esto del revisionismo con los poemas propios (con los de los demás me sabe mal) y aquí coloco dos muestras de Museo de bellas artes –próximo a concluirse en su escritura–, separadas por sus buenos diez años, como mínimo. La que sigue justo tras este párrafo se entretiene en el preciosismo, invocando viejas imágenes como de un Ícaro; la segunda, tras la imagen del bodegón de Claudio Bravo (que remeda u homenajea al de arriba, de Sánchez Cotán), es menos expositiva. Va a lo que va, quizá como el cuadro del chileno.

 

BODEGÓN I

Pone la luz un fuego en cada fruto
y la llama los une y los rebaña;
en edén se arrinconan de ruina y silencio
fortalezas de piel y de pellejo,
armaduras de cobre y soledumbre,
brillos de un oro viejo, de una tez amarilla,
donde la luz se espesa en amargura:
espejos, pozos ciegos de la ausencia.

Abre la luz al tiempo y lo desnuda,
y lo deshace en velos detenidos:
la dulzura, entre el polvo y el lienzo.

Y entre el polvo y el lienzo, la amargura;
grita la luz un “vivo”
y la sombra calla un “muero”;
talla la luz un sueño
y la sombra lo sueña de caoba:
sabe esta luz a carne y hueso,
a mar y a tierra, a pluma,
a sol, a viento,
a vuelo
dibujado en la sombra.

 

BODEGÓN II

Luz reposada
de las cosas,
que las rescata
de ese desorden
del vacío. Del olvido.

Sombra cernida
de sus aristas,
que las proyecta
sobre la muerte.
Sobre el tiempo.

 

 

 

© félix molina, Museo de bellas artes