Calendario fm|al 2021

Florence Price | compositora

En una de esas siestas profundas, puede que de julio o de agosto, dejé prendida la radio (me gusta más el argentinismo, es más afectivo) y me desperté con esta música sugerente, cálida, hermosa:

El cerebro se entretuvo en sus mil meandros, buscando un nombre de compositor. Por mucho que cercó y cercó, ni la memoria ni el conocimiento hallaron otro nombre que Antonín Dvořák, al que la duermevela trajo –mientras seguía escuchando la música desde detrás de los velos del sueño– hasta los Estados Unidos (esto será de hacia finales del siglo pasado, decía mi cerebro dormido). La siesta es un don (como bien lo describe el gran Miguel Ángel Hernández, aquí) pero también un proceso. Y su despertar es más bien lentote. Así que mientras la coda, vibrante y vaporosa, posaba dulcemente todos los vagones de esta delicia en el final del pentagrama, yo ya tenía instalado a Don Antonín en un prodigioso parterre de Nueva York hilando cada una de sus notas.

De repente –ya sí– el mundo volvió a reunir todos sus colores (incluidos los más grises) y el locutor de la emisora fue volcando datos: el compositor no era caucásico, sino afroamericano; no era del XIX sino del XX; no era un hombre, era una mujer; no era Dvořák sino Florence Price (1887-1953).

Mi error es el de muchos –a lo peor demasiados– oyentes o escuchantes: por cada cien compositores, identificamos o visualizamos apenas a una decena de compositoras. Hacemos más memoria y podemos desembarcar, como mucho, en entradas tan densas y certeras como esta de Cristina Mª Menéndez Maldonado.

La realidad es que me he llevado dos tercios de esta mía del Calendario explicando porque no conocía hasta hace apenas tres años a Florence Price, la primera afroamericana que consiguió que su música se interpretase por una orquesta sinfónica digna. Y en esos dos tercios no he podido hablar de que tiene una sinfonía primera o un concierto segundo para violín prodigiosos, o piezas orquestales como la que me despertó.

Ojalá que muy pronto, antes que muy pronto, podamos despertar de esta siesta de siglos de nuestra ignorancia sobre las mujeres que componen. Y que la próxima entrada que un confeccionador de calendarios culturales haga empiece cuando de Florence Price trate hablando del sueño de Ethiopia’s Shadow in America y no de la pesadilla de su olvido.  

Nota memoriosa:

Para los y las amantes de resolver estas injusticias, en octubre volveremos a la carga con otra compositora, otra gloriosa sin gloria inmediata: Kaija Saariaho.