Mis relatos favoritos

La lotería / Los cicerones | Shirley Jackson, 1948 / Robert Aickman, 1968

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El azar (sería injusto llamarlo así, para los autores y para el antólogo) o más bien la calidad de dos cuentos anglosajones ha venido a reunir a dos cuentos parejos en el tomo antológico de Siruela que estoy compartiendo con vosotros este verano. En ambos casos nos encontramos con similar ambientación de una atmósfera  –aparentemente, he aquí la trampa– distendida como la que estamos viviendo en estos acalorados días del Occidente; en ambos casos el miedo emerge desde las entrañas oscuras del rito. En ambos casos también el horror o sus sucedáneos irrumpen desde el seno mismo de lo cotidiano, hasta cercernarlo y hacerlo perfectamente insoportable.

De pequeño, aparte de la lectura (de todo tipo, incluidos prospectos y diccionarios), un entretenimiento supremo era el visionado de pequeños cortos que una y otra vez la televisión mundial se encargaba de repetir, bajo fórmulas como The Twilight Zone , o en España bajo el auspicio de creadores (esa es la palabra) como el productor, director y apasionado lector de literatura anglosajona Narciso Ibáñez Serrador . Curiosamente, a partir de mi tercera o cuarta vez ya el enfoque de mi atención se centraba en los rostros de quienes me acompañaban en la sesión  -abuelos, padres, hermana-, más que en la espuria sorpresa del relato televisivo, no siempre feliz.

Pero la literatura como la que ocupa toda esta entrada, eterna en lo cautivador de su extrañeza, ha sido el terreno mejor abonado para la producción de una televisión sobresaliente, con piezas que pueden ser directamente encapsuladas en cualquier nave o urna que nos sobreviva.

The Lottery (La lotería), de Shirley Jackson, es un relato talentoso y valiente (se escribe y publica en el preludio de la “caza de brujas” estadounidense) donde el ambiente estival y festival de la población implicada no cede ni un metro a la tensión con la cual la autora se las arregla para describir lo que nunca nombra. Simplemente: la desazón, unida a lo confuso, dará paso al horror, vivido como algo posible, al menos no descartable en cualquier contexto de violencia humana. The Lottery, sí, es la fantasía que desearíamos tan solo un cuento, pero también los judíos que se sorteaban el caramelo de Polansky en la multitudinaria y calurosa escena de El pianista, pero también los seres humanos escogidos por un destino infame como supervivientes de un mínimo pesquero, pero también el hombre sepultado en un maletero que no puede resistir sesenta grados… El verano y su atroz tortura se repiten, cual la añeja morcilla de Ángel González , y jamás difuminan la culpa, que acaso no sea sino otra forma de la ignorancia o el desdén por lo ajeno.

catedralcicerones

Los cicerones puede ser hasta comprendido como una curiosa y retorcida sátira de tanto viajero entrometido (es también una de las especialidades de la televisión de ahora: el viajero dicharachero, cocinero o morboso profesional, al que debemos algún descubrimiento ciertamente bello sin cruzar el umbral de la puerta, por otra parte). O un extraño y tenebroso castigo, casi ocultista, para el voyeur que representa en sí mismo todo trotamundos. Lo maravilloso es que es de esos cuentos de donde se sale aún más ignorante de lo que se entró, y luego ya la imaginación de cada cual se encarga de ir trajinando o ramificando interpretaciones, más o menos díscolas con el sentido y la sensibilidad de Robert Aickman, el verdadero maestro de ceremonias de este recorrido por una peculiar catedral flamenca, en un tempo que se distrae acaso demasiado –para nuestro gozo de lectores– de la a veces anodina salsa itineraria, tan propia del verano.

Videonota:
antologiarelatofantasticoAparte la mágica Antología que me desvela este verano, estos cuentos no han tenido la fortuna de ser masivamente (y por tanto baratamente) editados en español, con alguna hospitalaria excepción  y las buenas traducciones de Ana Poljak y Arturo Peral antologizadas por Siruela.
En cambio, el mundo anglosajón ha arropado con brillantes cortos estas dos pequeñas grandes gestas del relato fantástico o extraño:
De La lotería existen varios cortos, y hasta alguna película, pero me quedo con la adaptación lustrosamente académica de Larry Yust (1969) para la mismísima Enciclopedia Británica:
The Lottery, Larry Yust (1969)

 

Y el más reciente (2002), sobre Los cicerones, de Jeremy Dyson, apunta una inquietante interpretación: en el imaginado prólogo el director (esto no figura en el relato originalmente) sienta al protagonista en un vagón repleto de viviente iconografía flamenca, donde una nativa llega a exclamar que las catedrales no son para tomárselas a broma: “son un lugar sagrado…” (que se lo digan al despreocupado narrador del cuento de Raymond Carver )

 

 

No hay que decir que no es necesario desentrañar por completo la lengua inglesa de ambos relatos fílmicos para horrorizarse convenientemente con ellos.
Respecto al enigma Aickman (un escritor que acopia una cincuentena de relatos geniales de su cosecha y apenas cuenta con lectores no angloparlantes), varios sitios repiten el mismo, inquietante informe de esta página cubana:

 

Amo lo extraño

 

Las ilustraciones de esta entrada proceden de fotogramas del corto de Jeremy Dyson.
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